Política para militares: ¿Se puede dar un “golpe de ojo” al analizar la política?

Política para militares: ¿Se puede dar un “golpe de ojo” al analizar la política?

Hace cerca de dos siglos, Carl Von Clausewitz escribió en su manual sobre la guerra, lo siguiente:

Cuando todo está dicho y hecho, es el coup d’oeil (golpe de ojo) del comandante, su capacidad de ver las cosas, simplemente, para identificar todo el negocio de la guerra por completo de sí mismo, que es la esencia de una buena dirección.

Sólo si la mente funciona de esta manera integral puede alcanzar la libertad que necesita para dominar los acontecimientos y no ser dominados por ellos.

Es decir, se entiende que un comandante ha desarrollado una visión global de una situación determinada, la cual le permite alcanzar la libertad que se necesita para dominar los acontecimientos.

Tal “golpe de ojo” no se adquiere de manera espontánea o es un don.

Más bien es el resultado de un esfuerzo para entender los entornos, las fuerzas propias y contrarias, el clima, el terreno y otros factores a lo largo del tiempo, lo cual le ha permitido intuir los rasgos generales de la táctica a emprender y, a partir de esto, su dirección será buena.

¿Se vale extrapolar la noción de “golpe de ojo” a la conducción de una estrategia política? Claro que sí, toda vez que entendemos que el arte de la guerra y la política siguen muchas lógicas similares, entendiendo las sutilezas de ambas.

¿A qué me refiero? Volvamos a Clausewitz y su reconocida frase: “la guerra es la continuación de la política por otros medios”.

Como se sabe, se emprende una campaña cuando un Estado desea adquirir algo de otro, habiéndose agotado los mecanismos de la política; en estos casos, la diplomacia.

Ahora bien, ¿sería posible afirmar que la política es la continuación de la guerra por otros medios? Si reconocemos que el origen de un Estado es monopolizar la violencia legítima en un territorio determinado y para una población particular, estamos tomando en cuenta el conflicto inherente a toda decisión pública: aunque una buena negociación busca alcanzar soluciones “ganar-ganar”, muchas veces habrá alguien que gane algo y una contraparte que pierda algo.

Bajo la premisa anterior, es función de un Estado diseñar reglas y procedimientos de mediación y resolución de conflictos, los cuales se esperan que sean cada vez más consensuales y democráticos conforme evoluciona una sociedad determinada.

Esto es, una sociedad compleja exigirá estándares distintos para la toma de decisiones para que éstas puedan ser consideradas legítimas.

Además, el estado de derechos y libertades que hoy gozamos nunca fue una concesión del poder, sino resultado de luchas de siglos para arrancarle esas prerrogativas a los gobiernos.

Demos un paso más: las últimas guerras mundiales han traído la creación de instancias multilaterales para conciliar futuros conflictos, como es el caso de la Organización de las Naciones Unidas.

Incluso la construcción de bloques trasnacionales, como la Unión Europea, inició a partir del afán de construir una paz duradera bajo valores como la cooperación y la subsidiariedad.

Luego entonces, la política sí es la continuación de la guerra por otros medios.

Al reconocer lo anterior, asumimos que puede haber un ciclo interminable donde la paz entre en un proceso de deterioro que lleve a una nueva guerra y que ésta, al ganar un bando, reconstruirá un nuevo orden pacífico, que tarde o temprano se agotará.

Entonces, el reto es cómo se construirán las bases para una paz duradera, sabiendo que la actualización de las reglas que la sustentan no será un proceso espontáneo, sino producto de una revisión constante de sus premisas y funcionamiento.

Ahí entran debates como el de la reforma política, por ejemplo.

¿Se vale usar la palabra “estrategia política”? Entendiendo que el concepto viene el campo militar, y que implica la proyección y programación sobre determinada base para lograr un objetivo planteado, también se necesita planear y programar acciones que busquen imponer o bloquear decisiones legislativas, de gobierno o de políticas públicas, como crear una nueva ley, detener una construcción o llevar a cabo un programa de desarrollo.

Incluso también aplican términos como la táctica.

Si para Clausewitz significa la teoría del uso de las fuerzas armadas en el combate; una definición para el análisis político sería el proceso en el que se conjugan todas las posibilidades físicas, técnicas, teóricas, psicológicas y demás, para cumplir con los fines que plantea la estrategia.

La política no es algo que hacen individuos distintos a nosotros, sino una vocación que eligieron personas que tienen nuestra misma fibra moral, virtudes y defectos.

Por lo tanto, y se insistirá en este espacio, entenderla y diseñar estrategias de incidencia requiere de conocimiento, práctica en el análisis y, sobre todo, una cabeza fría.

Acompáñenme en este espacio, para ver la política desde una lectura táctica: analizaremos los procesos de toma de decisiones de los órganos públicos y su funcionamiento no sólo desde una perspectiva procedimental, sino también simbólica.

Cada regla fomenta o inhibe conductas determinadas, por lo que es indispensable entenderlas. Nos leemos en el próximo número.

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