Política para militares: Sobre el “bloque legislativo de contención”

Política para militares: Sobre el “bloque legislativo de contención”

El pasado 6 de diciembre el coordinador del grupo parlamentario de Movimiento Ciudadano en el Senado, Dante Delgado, dio por muerto al bloque de contención legislativa en el Senado, formado para ser un punto de veto para que Morena y aliados no tuvieran la mayoría calificada en la Cámara Alta. La razón: presuntos agravios por parte del PRI y el PAN a los naranjas, como que los legisladores locales de Nuevo León no hubieran aceptado que el gobernador Samuel García designase a su interino mientras competía por la Presidencia de la República.

Dejemos a un lado la discusión sobre si el reclamo es sólido o no. Incluso ignoremos que es un despropósito por parte del Frente esperar que MC colaborase con ellos, si pasan de invitarlos a coaligarse en 2024 a acusarlos de esquiroles cada día. ¿Qué significaba eso del bloque de contención? ¿Existe algo similar en otros países, o es una invención nuestra? De ser lo primero, ¿qué tan afortunada fue la tropicalización?

Antes de entrar en materia, definamos el término “populismo”. Aunque tiene diversos significados desde finales del siglo XIX, se le entenderá para estos efectos como una estrategia política a través de la cual un líder personalista busca conquistar o ejerce el poder público basado sobre el apoyo directo y no distinguible de una gran cantidad de seguidores no organizados. Es decir, se cambia la atención de lo que se dice a lo que hace.

Bajo esta premisa, el pueblo es un agregado amplio y amorfo; correspondiéndole a un líder extraordinario el organizarlo y dirigirlo para cumplir las metas que aquel reconoce como “la voluntad popular”. Así, el líder teje un vínculo unificador con la masa y en una relación que se presenta como directa. La falta de organización del llamado “pueblo” se compensa por una comunicación y una movilización intensas y polarizante, cuyo objetivo es crear enemigos a quienes vencer a través de hitos “heroicos”. El objetivo: mantener una base de apoyo electoral, que le permita al régimen populista mantenerse en el poder. Al asumir lo anterior, se puede entender que haya populismos a lo largo del espectro político.

Los regímenes populistas llegan al poder gracias a las propias deficiencias de las democracias, especialmente cuando entran en una fase de desgaste. Por ejemplo, se torna fácil articular movimientos “anti élite” ante las fallas del sistema de partidos como la exclusión política, la cartelización organizacional, el bajo desempeño y la convergencia programática ante institutos “cacha votos”.

El populismo desde la oposición siembra dudas contra las instituciones que producen los resultados que consideran moralmente incorrectos. Por ende, se les suele denominar, quizás acertadamente, “enemigos de las instituciones”, aunque no de éstas en general, sino de las reglas y procedimientos que no reivindican su derecho a una representación moral exclusiva.

Con lo anterior, entremos en materia. Algunas democracias promueven un “cordón sanitario” ante el populismo: dejar a las fuerzas no democráticas operar en la periferia del sistema, pero lo más lejos posible de los centros de poder donde se toman las decisiones, como serían las coaliciones de gobierno. Se piensa que así se incluyen las preferencias de los votantes sin dañar los procesos de toma de decisiones.

Sin embargo, la experiencia muestra que los cordones sanitarios no funcionan. La razón: si todos los actores políticos, a excepción de los populistas, se coluden para excluirlos, inmediatamente fortalecen la credibilidad de quienes quedan fuera del pacto, dándoles la oportunidad de decir que sus opositores son un “cártel”. Los populistas, añaden, se deleitan al señalar que sus competidores son idénticos, a pesar de sus declaraciones ideológicas. Así tienden a fusionar las siglas partidistas, reforzando una idea: sólo los populistas ofrecen una alternativa genuina.

En cambio, el “bloque legislativo de contención” se formó, como se dijo arriba, por una razón completamente distinta: vetar cualquier mayoría calificada para Morena y aliados, sea para modificar la Constitución o para bloquear algunos nombramientos, como personas ministras de la Suprema Corte de Justicia de la Nación. Esto, en un contexto donde un gobierno que, bajo la definición arriba provista, puede ser calificado como populista.

¿Sirvió ese bloque para contener al Ejecutivo? En el caso de la terna para la Suprema Corte de Justicia de la Nación, no: la propia Constitución define claramente qué pasaría si el Senado rechazaba dos ternas consecutivas. ¿Hubiera sido conveniente negociar un arreglo? Eso dependerá de cuáles hubieran sido las preferencias de la oposición ante quien resultó designada. ¿Operó mal la oposición con MC? Desde luego: no se trata de “velar la constitucionalidad”, sino de tener acuerdos fundamentales para generar condiciones de confianza.

Compartir :