Una vez más, el presidente ha vuelto a sentar agenda con su sucesión. También, como ha sucedido cuando lo hace, tanto críticos y opositores se ponen a perseguir, como gatitos, la nueva madeja mediática. ¿Es descabellado el planteamiento? Una de las grandes habilidades del presidente es ser perfectamente claro, y predecible con lo que desea y cómo busca lograrlo, mientras sus críticos y opositores lo descalifican de tonto o loco, así que vale la pena ponerse a pensar al respecto con su debida ponderación.
Para empezar, López Obrador no es un progresista de izquierda ni un conservador de derecha, sino un priísta tradicional. Quizás pasará a la historia como el último líder de masas del nacionalismo revolucionario. Como tal, considera buena idea reeditar las viejas reglas del juego, adaptándolas a su retórica y narrativa. Sin hacer pronósticos de quién será la o el tapado, exploremos su lógica.
Como en el viejo PRI, sabe muy bien su poder menguará cuando designe a un sucesor, yéndose las lealtades al nuevo monarca. El supuesto se mantiene, pues nadie hay en la oposición que pueda ser tan competitivo para ganar la presidencia, y quizás no lo haya sino hasta el próximo sexenio.
Sin embargo, el PRI era una maquinaria política diversa, aunque disciplinada, y Morena es una colección de grupos que solo tienen a un caudillo como factor de unidad. Si el presidente deja de ser visto como tal, los tiburones olerán sangre. Los atributos del líder no se transmiten por magia: es necesario implantar un discurso de legitimidad.
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Resucitar los rituales priístas de sucesión le da a López Obrador la capacidad de controlar la narrativa y con ésta, el proceso: él representa la voluntad del pueblo, y por lo tanto el próximo presidente le deberá el cargo. Además, le puede resultar más conveniente generar y avivar las expectativas a futuro, después de su sexenio, si su gestión llegase a enfrentar crisis insalvables. ¿Su desempeño es pésimo? Difícil negarlo, pero eso nunca ha importado este sexenio: para ello se necesitaría una alternativa clara y atractiva.
¿Habrá rebeliones al interior de Morena? Seguro, pero nadie pensará en salirse mientras el presidente sea visto como el factor de unidad. Seamos cínicos: en muchos casos se tratará de personas que buscarán acomodarse a cambio de no hacerla de tos. En todo caso, los problemas serán menores si tiene la capacidad de conducir el proceso, que dejando al partido decidir, sin la menor institucionalidad interna.
¿Falta mucho tiempo para la sucesión? Sí, pero tiene un plan B: si todas sus fichas se queman, cuenta con una oposición que ha mostrado ser tan brillante y eficaz, que seguro caerá en la trampa de la revocación: si sale bien librado, puede decir que no hay nadie con sus capacidades, por lo cual tendrá que reformar la Constitución para reelegirse. Dicho lo anterior, revisemos el supuesto desgaste de Claudia Sheinbaum y Marcelo Ebrard. En política, solo se puede dar por muerta a una persona cuando se encuentra tres metros bajo tierra, o reposando en una urna. Si tienen alguna duda sobre si ese supuesto podría aplicar a alguna pre candidatura de Morena para 2024, piensen en San Juan Ixtayopan y en el colegio Rébsamen.
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¿Qué pasaría si alguna persona de su predilección se desgastase prematuramente? Siempre podrá enrocarla, como pasó con Marcelo Ebrard en 2005: tras el linchamiento de San Juan Ixtayopan, del que terminó removido como secretario de Seguridad Pública, se le colocó en la Secretaría de Desarrollo Social. Además, estas jugadas siempre generan días de discusión sobre ganadores y perdedores.
Pero… ¿y la Línea 12? Morena no perdió apoyo en las zonas afectadas, sino en alcaldías donde se movilizaron quienes ya estaban en contra. Eso sí, hubiera resultado mortal para los guinda que la oposición mostrase empatía con quienes sufrieron pérdidas, en vez de exigírsela al presidente, pero para eso dio su planeación.
Momento… ¿y el descontento? Para que lleve a un cambio, se necesita un liderazgo que sepa movilizarlo. Pero mientras, la oposición piensa en candidatear figuras sin arraigo más allá de su círculo, con la diferencia que Juan Ramón de la Fuente ya fue cooptado por el gobierno. Suena bien todo en papel, pero ¿le resultará? Sea como fuere, serán años bien divertidos.
- @FernandoDworak





