Política para militares: Un año de asedios

Política para militares: Un año de asedios

Un adagio que siempre lanza una amenaza certera es: ten cuidado con lo que deseas, pues se te puede cumplir.

Esto viene a cuento, pues recuerdo que, durante el sexenio de Vicente Fox, una hoy reconocida editorialista escribía un día sí y el otro también sobre la necesidad que el presidente presionara a los priístas para que aprobasen la reforma hacendaria o energética, sea a través de señalamientos personales, activando expedientes o arengas a la ciudadanía.

Hoy, la escritora vive cuestionando un gobierno que a final de cuentas le tomó los consejos.

A decir verdad, estas estrategias de asedio corresponden más a gobiernos populistas que a democráticos; toda vez que este tipo de liderazgos encarnan una noción de pueblo “bueno” contrapuesto a una élite política tradicional y corrupta – al menos en el imaginario que los llevó al poder, y a través del cual se legitiman.

Dentro de esos cánones, podemos explicar mejor lo que pasó a lo largo de 2022 en el Congreso de la Unión.

Durante los últimos meses, vimos un ataque incesante del presidente para aprobar temas que consideraba importantes, como la reforma energética, la permanencia de las Fuerzas Armadas en tareas de seguridad hasta 2028 y en estos momentos, la reforma electoral.

Cierto: el Congreso de la Unión ha cumplido con sus funciones primordiales como la aprobación del paquete económico de 2023, y ha pasado muchas otras iniciativas a lo largo de estos meses.

Pero a final de cuentas la opinión pública se ocupa de pocos temas de la agenda pública: el resto pasa desapercibido para el resto de los mortales.

En este juego, es quizás irrelevante que el presidente tenga éxito con su objetivo declarado, como pasó con la reforma de las fuerzas armadas.

Al contrario, es posible que mencione lo que persiga, o pueda aprovecharse de un revés.

Por ejemplo, la derrota legislativa respecto a la reforma eléctrica no le ha detenido para seguir aprovechándose del tema, como vemos con la controversia ante Estados Unidos y Canadá.

Incluso podría no ser relevante la reforma electoral, si mantiene la víscera popular encendida hasta que toque la renovación de cuatro consejeros del INE, y pueda quedarse con los asientos necesarios para capturar a la institución.

Vayamos más lejos: hasta una pifia total puede servirle si con ello inunda la conversación pública por semanas o meses, como sucedió con la consulta para su revocación.

Ante esta estrategia, lo más conveniente es preguntarnos el porqué de su éxito, pues estamos en el cuarto año de gobierno, cuando sus antecesores se concentraban más bien en dejar un legado o, al menos, retirarse de la manera más grácil posible.

La primera razón: tiene mayoría absoluta, por lo que solo requiere la calificada para cuestiones altamente simbólicas para su gestión.

En segundo lugar, la oposición es meramente reactiva, por lo que puede llenar la conversación, sabiendo que despertará reacciones entre quienes le apoyan y quienes le odian.

Finalmente, la oposición es altamente vulnerable: basta con tener a algunas dirigencias partidistas bajo chantaje, para alterar las mayorías a su favor, como vimos con el episodio de Alejandro Moreno y la permanencia de las fuerzas armadas.

¿Seguirá con esta dinámica para 2024? Lo dudo por cuatro razones. Primera, quizás no haya tantos temas que deba atender con tanta premura, concentrándose la actividad gubernamental en preparar las elecciones de 2023 y 2024.

Segunda, entre más se acerquen las elecciones, menos incentivos tendrán los partidos opositores a colaborar, aun cuando fuese bajo coacción.

Tercera: también los propios legisladores de Morena buscarán no involucrarse en temas demasiado polémicos, especialmente los de mayoría relativa que posiblemente busquen la reelección.

Finalmente, el juego entre “corcholatas” puede afectar la cohesión al interior de la bancada del gobierno, lo cual hará más complicada la operación política.

Compartir :