Este 2024, no tiene buenos pronósticos, no ha nacido con buen pie porque hay dos guerras con peso geopolítico y geoeconómico desarrollándose y encima el panorama electoral es también nebuloso: a las elecciones presidenciales de Estados Unidos, México, India y Rusia, se añadirá la renovación de la presidencia del Consejo Europeo y de la presidencia de la Comisión Europea.
Unas elecciones que suceden en un momento en que los polos se han escorado o bien hacia gobiernos de ultraderecha o de ultraizquierda, como resultado de un voto de la ira en una parte de la población bastante descontenta por su situación. Primordialmente milennials.
La OCDE, en su informe de Perspectivas Económicas, emitido en los últimos meses del año pasado, ya advirtió que el desempeño de la economía mundial estará muy condicionado por los petroprecios con base al impacto de la invasión de las tropas rusas a Ucrania que va camino de cumplir dos años (el 24 de febrero) y la guerra que libra Israel contra Hamás en la Franja de Gaza que, en cifras preliminares, ha dejado más de 17 mil muertos.
Esta organización internacional, con sede en París, estima un PIB mundial de 2.7% para 2023 con una inflación promedio global del 3.8% prueba de que las políticas monetarias restrictivas están dando resultado.

En medio de la creciente adversidad primero, por la guerra comercial entre Estados Unidos y China que precedió a la irrupción de la pandemia en 2019; luego, derivada de la invasión rusa de Ucrania, los países cuyas economías están mostrando una mayor resiliencia y fortaleza para seguir creciendo son las economías emergentes.
Por ejemplo, la Zona Euro tiene estimado un PIB de 0.9% para 2024 y Alemania que es la locomotora económica de la eurozona se espera un PIB de 0.6%, Francia se estima un crecimiento del 0.8% e Italia y Reino Unido, cada uno, con PIB de 0.7 por ciento.
De hecho, la OCDE en este informe ha revisado a la baja el crecimiento económico de la zona euro y la Unión Europea (UE) e incluso también alteró el pronóstico para España que venía comportándose con cierta estabilidad. Así su PIB esperado para 2024 sería de 1.4 por ciento.
Tampoco, Estados Unidos observa una mejor perspectiva: con un PIB previsto del 1.5% en 2024 y seguirá siendo bajo en 2025, con un PIB de 1.7 por ciento. Canadá es otro país por la misma senda con un PIB esperado en 2024 de 0.8% y de 1.9% en 2025.
En contraste, México según la OCDE, lograría un crecimiento económico de 2.5% en 2024 y de 2% al año siguiente. Es decir, que, en 2024, el país azteca sería la sexta economía del mundo (de un total de siete) que podría experimentar un PIB superior al 2% como se muestra a continuación: India con 6.1%; Indonesia, 5.2%; China 4.7%; Arabia Saudita de 3%; Turquía de 2.9%; México de 2.5% y Corea, un 2.3 por ciento.
De un tiempo a la fecha, los países emergentes están mostrando tener mejor resiliencia y mejores amortiguadores en política fiscal, económica y monetaria para soportar los vendavales que van provocando desde pandemias inesperadas hasta guerra insoportables.
En la mayoría de las economías de mercados emergentes, el margen de maniobra de la política monetaria sigue estando limitado por las condiciones financieras mundiales restrictivas y la necesidad de mantener ancladas las expectativas de inflación y se necesitan tasas de interés reales positivas para ayudar a moderar la inflación.
Por lo tanto, en muchos países, se prevé que las tasas de política monetaria disminuirán en 2024 y en particular, en América Latina, se proyecta que sea Brasil el que lidere esta moderación.
Por su parte, el organismo internacional proyecta que México bajará sus tasas a partir del segundo semestre de 2024, cuando la inflación general, como la subyacente, reducirán por debajo del 4 por ciento.





