Han sido los primeros treinta días más dinámicos de los últimos tiempos en la Casa Blanca, quizá desde la era Kennedy, la llegada de Joe Biden al poder de Estados Unidos ha marcado una serie de decisiones en la posición militar y de defensa de la Unión Americana que, ante todo, pautan un distanciamiento con la obra del expresidente Donald Trump.
El mandatario Biden ha cargado duro contra Rusia y China con una serie de discursos en los que ubica a ambas naciones como ejemplo del autoritarismo a combatirse en todos los frentes.
Ya no hay ningún disimulo entre los apetitos hegemónicos de dos bloques que la pandemia ha revelado en su amplia dimensión: la brújula de Occidente versus las autocracias y los gobiernos autoritarios fundamentalmente de Oriente.
El caso Alexéi Navalni es ya el disruptor mayúsculo entre la nueva Administración Biden y el gobierno del presidente ruso, Vladimir Putin, ambos tendrán elecciones presidenciales en 2024; en las que Putin buscará reelegirse hasta 2030 y Biden, si vive y está bien de salud, podría buscar igualmente otro período de cuatro años.
Pero mal empieza (o más bien prosigue considerando que Biden fue vicepresidente durante el gobierno de Barack Obama) la relación de la nueva Administración norteamericana con Putin y el primer atolladero diplomático pasa por la condena explícita a la detención y enjuiciamiento del opositor ruso Navalni al que ya se intentó envenenar el año pasado.
No va a ser fácil este movimiento de piezas en el ajedrez geopolítico porque Biden no dará un paso atrás, ni en falso, en algunas decisiones asumidas por su antecesor Trump al menos en lo que confiere a la relación con China y con Rusia.
En esta nueva Guerra Fría 2.
0, los movimientos son con más tiento, porque el mundo está actualmente más armado que en el pasado siglo y hay muchos conflictos con rozaduras entre estadounidenses, rusos y chinos.
Por lo pronto ha sucedido una jugada interesante considerando que Trump venía deshaciendo, uno a uno, los peldaños del multilateralismo y retirándose de todos los tratados y acuerdos.
Sin el magnate de por medio, Estados Unidos y Rusia, han decidido renovar el Tratado de Reducción de Armas Estratégicas o New Start (vencía el 5 de febrero), por otros cinco años más lo que permite constatar la vigencia de un significativo acuerdo en aras de limitar el número de armas nucleares estratégicas con un máximo de 1 mil 550 cabezas nucleares y 700 sistemas balísticos por país.
La decisión ha sido bien recibida por los líderes de la ONU, de la OTAN y de la Unión Europea que ven en la prórroga, una forma de mantener, cierto pacto de no agresión mutua.
En realidad, Biden lo que ha hecho es suscribir lo que el entonces mandatario Barack Obama hizo en tiempos en que Dmitri Medvédev era presidente de Rusia: frenar la carrera de los misiles de largo alcance.
Las primeras decisiones protocolarias del nuevo inquilino de la Casa Blanca han estado orientadas a temas de defensa y de estrategia militar; la más sorprendente fue la suspensión de la venta de armas a Arabia Saudita y a Emiratos Árabes Unidos que incluía un importante arsenal bélico.
El contrato aprobado en 2019 -sin la autorización del Congreso- fue orden directa del entonces presidente Trump que aprovechó cada acercamiento sobre todo con los saudíes para cerrar ventas millonarias de armas; el paquete incluye desde los cazabombarderos F-35, misiles de precisión, drones Reaper MQ- 19 y misiles Paveway guiados por láser.
Biden ha pedido que los contratos de ventas sean revisados por el Congreso en momentos en que intenta retirar la intromisión norteamericana en la guerra de Yemen y en otros conflictos.

Arabia Saudita y Emiratos Árabes están involucrados en la guerra civil de Yemen desde finales de 2015 mientras que Estados Unidos lo hace indirectamente vendiendo materia militar a ambos países con los que realiza bombardeos contra civiles.
Como candidato, Biden se pronunció porque Trump y la Casa Blanca, sacasen las manos de Yemen bajo la acusación de fomentar y participar en crímenes de lesa humanidad.
OTAN a la espera de ver a Biden
El enfriamiento de las relaciones trasatlánticas provocada por la actitud prepotente de Trump puso en jaque a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) que, para no tener que soportarlo en otra reunión más, canceló el encuentro anual de 2020.
En cambio, a Biden, el resto de los socios de la OTAN lo esperan con ganas de reflotar la Alianza en tiempos de amenaza rusa y de mayores intromisiones chinas y de ciberataques desde Corea del Norte.
Desde septiembre del año pasado, su titular Jens Stoltenberg, anunció la creación en Georgia, de un centro de operaciones de ciberseguridad que sea moderno y vanguardista dotado sobre todo de tecnología británica y estadounidense.
Uno de los reproches más recurrentes de los últimos años contra la mayor parte de los países miembros tiene que ver con el gasto militar en defensa, ni Obama, ni Trump, lo pasaron por alto, aunque la diferencia entre uno y el otro fue la forma de exigirlo y la forma de presionar para obtenerlo.
En 2020, la OTAN, en cifras preliminares destinó el 1.78% de su PIB en gasto militar, esto sin considerar a Estados Unidos, que dedicó el 3.87% de su PIB a Defensa.
“Según los cálculos de la Alianza, sólo diez aliados de los 29 cumplieron ya en 2020 con el objetivo del 2%: Estados Unidos, Grecia, el Reino Unido, Rumanía, Estonia, Letonia, Polonia, Lituania, Francia y Noruega”, de acuerdo con el organismo.
Biden no va a relajar la exigencia de un mayor esfuerzo por incrementar el gasto militar mucho menos en tiempos de una pandemia con una guerra biológica incierta cuyo origen genera tantas suspicacias.
En 2020, la OTAN habría gastado 1.092 billones de dólares en Defensa, más del 70% del gasto lo ha realizado Estados Unidos con el objetivo de renovar y ampliar sus fuerzas estratégicas.
Se espera que Biden traiga un aliento nuevo, sin un entendimiento entre Trump y los líderes de Alemania, la canciller Ángela Merkel y su homólogo francés, Emmanuel Macron, la política exterior norteamericana pasó por una serie de presiones en forma de represalias.
Desde junio del año pasado, Trump anunció que reduciría de 52 mil a 25 mil, el número de soldados norteamericanos en sus bases de Alemania después señaló que una parte volvería a la Unión Americana y otra, sería trasladada definitivamente a Polonia.
El malestar de los socios de la OTAN fue mayúsculo, uno que ahora alivia la nueva decisión de Biden que contradice precisamente la de Trump: se cancela el traslado de tropas de Alemania a Polonia.
“América ha vuelto. La diplomacia ha vuelto. Vamos a construir alianzas, volveremos a comprometernos con el mundo y afrontar los enormes desafíos a los que nos enfrentamos”, afirmó Biden en una primera declaración de intenciones. Merkel, lo ha celebrado.
Al nuevo mandatario le corren invitaciones desde Europa para que acuda pronto a visitarlos, se las extienden desde Berlín, París, Londres y Bruselas.
Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, espera que el curso de la pandemia permita que los líderes mundiales puedan volver a reunirse de forma presencial está en duda si la próxima reunión de la OTAN será el primer encuentro físico con Biden o tendrá que ser telemático.
Las primeras decisiones de Biden orbitan dentro del esquema etnocéntrico de la UE: respeto al multilateralismo y rechazo de los autoritarismos y autocracias; la Unión Americana ha vuelto a la Organización Mundial de la Salud y al Tratado de París.
Queda Irán y el Acuerdo Nuclear que respira sus últimos estertores, Biden todavía lo puede salvar…





