El dictador ruso, Vladimir Putin, finalmente no asistió a la pasada reunión del G20: en los cambios de planes se atravesó el acuerdo alcanzado entre los equipos estadounidenses y chinos para concretar la primera reunión bilateral entre el mandatario Joe Biden y su homólogo, Xi Jinping.
A la cita en Bali llegó un inquilino de la Casa Blanca conciliador y un Jinping con los brazos abiertos para sumar y no restar.
Fue la primera vez que ambos mandatarios estrechaban sus manos, en los más de dos años, de gobierno de Biden.
No se habían visto las caras desde el Foro Económico de Davos en 2017. Jinping ya dirigía el destino del gigante asiático y Biden, era vicepresidente con Obama.
Ambos son tan distintos y equidistantes. En octubre pasado, Jinping fue avalado por el Partido Comunista de China para continuar otros cinco años con el bastón de liderazgo.
Cabe recordar que Mao Zedong murió a los 82 años de edad, tras gobernar casi tres décadas, a la República Popular de China que él fundó y si todo sale como espera Jinping y goza de buena salud, podría dirigir los destinos de China hasta 2036.
Para entonces, tendría 83 años de edad, recordemos que él gobierna desde 2013.
Para Biden el encuentro sostenido con Jinping –de poco más de tres horas– ha servido para abordar una serie de puntos espinosos: las recientes tensiones entre Beijing y Taiwán; el papel de China en el renglón del cambio climático, pero también ha sido una oportunidad para abordar la posición de ambos líderes al respecto de la invasión de las tropas rusas en Ucrania.
Hasta ahora Kiev no ha caído gracias a toda la ayuda de Washington no solo pecuniaria, sino fundamentalmente en armamento e inteligencia militar y de espionaje, más todo el material armamentístico proporcionado por los aliados de Estados Unidos.
A COLACIÓN
Pero los vientos están cambiando. Han pasado más de ocho meses de la invasión, los trastornos provocados por la guerra y por las sanciones de Occidente a Rusia han desatado una serie de shocks en las materias primas, principalmente en los energéticos.
El mundo va literalmente al invierno de la recesión y Biden acaba de perder la Cámara de Representantes y al menos un grupo de republicanos está promoviendo bloquear toda ayuda a Ucrania.
Esta guerra hay que terminarla ya. Lo sabe Biden y un Zelenski que tras recuperar Jersón (por la repentina retirada de las tropas rusas) se muestra abierto a negociar la paz.
Lo sabe Putin, cuya economía va en picada y Jinping, testigo de una desaceleración amenazante para su sector inmobiliario.
La reunión entre Biden y Jinping ha sido trascendental porque entre ambos podrían terminar lo más pronto posible con la invasión.
De la mesa de negociación que resulte entre Ucrania y Putin, tanto China como Estados Unidos, serán pilares garantes fundamentales.
Ya es hora de que Jinping asuma su rol de responsabilidad geopolítica como líder de una potencia.





