Por la espiral: EEUU y Rusia reeditan su Guerra Fría

Cumbre Biden Putin en Ginebra

El pasado 16 de junio asistí a Ginebra, Suiza para cubrir la cumbre entre el presidente de Rusia, Vladimir Putin y su homólogo de EEUU, Joe Biden; su primer encuentro entre ambos dignatarios y además en un momento de álgida tensión bilateral que emula la antigua Guerra Fría.

Había un ambiente totalmente diferente al que se respiraba entonces en Helsinki en 2018 cuando el entonces presidente norteamericano, Donald Trump, se vio con el líder ruso.

Y no me refiero a que fuese más distendido porque lo de Helsinki a diferencia de Ginebra, comenzó con más de una hora de retraso dado que Putin llegó tarde e hizo esperar a Trump. Al menos en los primeros 40 minutos de la plática –entre los dos– prevalecieron las caras largas… ya luego hubo una distención del ambiente al finalizar la comida e inclusive de forma conjunta dieron una rueda de prensa en la que Putin regaló un balón (mensaje subliminal incluido tienes ahora el balón en tu tejado) para el hijo menor de Trump y su esposa Melania.

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Si en Helsinki había un ambiente de expectación y la gente local celebraba con pancartas y letreros de bienvenida está especie de entente cordiale, en Ginebra, se respiraba un ambiente gélido y tenso más que cordiale era infernale y los analistas internacionales apostaban más por un acuerdo de mínimos entre Rusia y Estados Unidos que el tocar los grandes temas de confrontación.

En Ginebra nadie llegó tarde a la cita: contrario a lo que se esperaba, el mandatario Putin arribó primero y cinco minutos después lo hizo Biden… había una incomodidad clara entre ambos, una sequedad en Putin y una media sonrisa en Biden que no auguraba nada bueno. Biden de corbata azul mientras que Putin llevaba la suya roja y en medio de los dos un globo terráqueo.

Si bien no se han marchado de la reunión siendo los mejores amigos, al menos han puesto en valor a la diplomacia: como resultado de la cumbre de Ginebra, los presidentes de Estados Unidos y de Rusia, acordaron avanzar en un marco de entendimiento basado en el restablecimiento de sus embajadores en los próximos días.

También aceptaron la liberación de prisioneros de alto perfil así como el intercambio de prisioneros; trabajar en una estrategia de seguridad conjunta; avanzar en propuestas para construir un diálogo sobre el control de las armas nucleares y crear un grupo de trabajo sobre los ataques cibernéticos.

Y más recientemente, fruto del imperio de la diplomacia, es que tanto la Unión Americana como Rusia decidieron el pasado 10 de julio prorrogar la misión de ayuda humanitaria a Siria que le permite a la ONU suministrar alimentos y medicamentos vía el corredor de Bab el Hawa, por el que fluye la ayuda hacia la provincia de Idlib.

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De hecho, Putin y Biden, hablaron vía telefónica para discutir la petición del Consejo de Seguridad de la ONU de extender ese permiso de suministro por un año más.

La diplomacia es muy importante, con los amigos y por supuesto con los enemigos, entre Estados Unidos y Rusia se vive una nueva Guerra Fría en la que subyacen además profundos intereses ya no solo geopolíticos, militares y espaciales sino también cibernéticos.

El entorno global del siglo XXI vive en sus primeras décadas una fuerte pugna a tres bandas con una Guerra Fría 2.0: una entre Estados Unidos y China en el renglón de la geoeconomía, la tecnología y lo militar; y otra, con Rusia en la geopolítica, en la ciberseguridad y en lo militar.

Las actuales guerras híbridas se libran por supuesto en la red, en el universo de lo digital basta ver que los últimos agravios los ha estado padeciendo fuertemente la Unión Americana.

Al respecto, el presidente Biden, sin ser grosero ni amenazante, pero si serio y claro, le dijo a Putin que están dispuestos a responder con todas sus capacidades a los ciberataques que intentan vulnerar oleoductos y hasta los sistemas de sanitización del agua de la ciudad.

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En mayo pasado, quedó secuestrado informáticamente el oleoducto de la empresa Colonial dejando sin combustible a 17 estados de la Unión Americana provocando un caos; dos meses antes, en otro ataque cibernético, una planta de tratamiento de agua en Oldsmar, Florida detectó a tiempo que “alguien” estaba manipulando los niveles químicos de hidróxido de sodio para envenenar el agua de la ciudad. Para Biden, la ciberseguridad y frenar estos ataques son su prioridad y así se lo hizo saber a Putin: “¿Yo te pregunto, si a ti te gustaría que te estuvieran atacando estos ciberdelincuentes, por ejemplo, a tus refinerías? ¿Te gustaría?”.

A lo que añadió de forma tajante que Estados Unidos va a comenzar a responder a cada ciberataque con sus máximas capacidades porque “hay que parar a estos criminales del ramsoware” e invitó a su contraparte a ponerles límite juntos “porque es inaceptable” y crear un marco de actuación para generar un escenario de ciberseguridad. Le dijo, que hay 16 puntos fundamentales de la infraestructura estadounidense que deben quedar fuera de cualquier ataque porque si no, responderán.

Enemigos distantes

A finales de abril pasado, los dos cuerpos diplomáticos dejaron sus puestos, llamados a consultas a Moscú tal y como aconteció en el caso de Anatoli Antónov (dejó la embajada de Rusia en Washington) en tanto John Sullivan fue invitado a marcharse de vuelta a su país (dejó la embajada de Estados Unidos en Moscú).

La cumbre de Ginebra ha logrado –como un primer objetivo– el restablecimiento de ambos embajadores en sus respectivas sedes. Recordemos que las relaciones diplomáticas y bilaterales erosionaron rápidamente como resultado de la entrevista en ABC –en marzo pasado– en la que el dignatario estadounidense afirmó que sí cree que Putin es un asesino.

Queda por ver si, en los próximos meses, puede construirse entre estadounidenses y rusos un clima predecible y estable de entendimiento y cesa la escalada de ciberataques a diversa infraestructura vital en Estados Unidos.

Los dos son abogados, los dos se han curtido en la política en sus respectivos países; los dos son obstinados y tienen su muy especial visión de hacer y ver las cosas, Biden es diez años mayor que Putin que a sus 68 años de edad ya piensa además en quedarse en el poder hasta 2036.

Sin embargo, son como el agua y el aceite, no se entienden… se respetan como adversarios políticos pero son equidistantes. Esta cita histórica se llevó a cabo en Parc la Grange, un parque con una superficie cercana a los 210 mil metros cuadrados, con bellos jardines, fuentes y una casona histórica del siglo XVIII a orillas del lago de Ginebra.

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Mientras la ciudad hervía de calor, con los termómetros por arriba de los 30 grados, el ambiente previo a la cumbre desbordaba tensión por la escalada en los crecientes roces entre Estados Unidos y Rusia a tal punto que había dinamitado la diplomacia tradicional.

Así se ha llegado al primer cara a cara entre Biden y Putin, con un escenario de rispideces previas, sumadas a una larga lista de asuntos acumulados en los últimos años entre las dos naciones.

En palabras de Biden, dichas a su homólogo ruso, su país no busca “una nueva Guerra Fría” y en cambio, varias veces, durante su interlocución mencionó de forma insistente la necesidad de tener una cooperación estratégica… no habían pasado ni cinco minutos de la despedida entre ambos dignatarios y cada quien en solitario en sus respectivas ruedas de prensa relucieron al minuto uno sus agrias diferencias .

No hay comunión alguna en temas como Siria, Libia, Yemen, los ciberataques, Ucrania, Bielorrusia… hay una Guerra Fría en toda la extensión de la palabra.

  • @claudialunapale

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