El alto al fuego en la Franja de Gaza está detenido por pinzas y me parece que hace falta mucho esfuerzo regional y demasiada voluntad global para convencer a Estados Unidos y a Israel que la única forma de lograr una paz perdurable, entre palestinos e israelíes, es permitiendo que los palestinos vivan en su Estado de Palestina.
Perpetuar en el tiempo la misma situación, en detrimento de la calidad de vida de los palestinos, solo conducirá a uno y otro estallido de forma recurrente: a nuevas guerras, a más masacres, a un odio arraigado y a una venganza a toda costa.
Los palestinos de la Franja de Gaza no pueden continuar encerrados en un gran gueto que mide 41 kilómetros de largo y tiene una superficie de 360 kilómetros cuadrados y en la que viven dos millones de personas.
Si Hamás sale de la ecuación de gobierno y deja de administrar además a los gazatíes, es necesario que se celebren elecciones y se dé forma a una nueva era bajo un gobierno democrático con otras instituciones. La paz de Trump y la influencia que él tiene en Netanyahu deben servir para que Palestina cobre ya forma real.
Que las fronteras queden liberadas y se levante el asedio marítimo que el ejército israelí ha impuesto a Gaza desde que Hamás comenzó a gobernarla en 2006. Los palestinos no pueden salir a faenar a sus propias costas porque les disparan a matar los barcos militares judíos. Solo pueden adentrarse en el mar a determinadas millas lo que limita su capacidad de captura.
Tienen que dinamizarse esos siete cruces fronterizos que permanecen cerrados y que administra fundamentalmente Israel y hay otro punto fronterizo en manos de Egipto. Sin esa libertad siguen encerrados como ratones en una gran caja de cristal que de vez en cuando, Israel bombardea. Es realmente absurdo creer que bajo esas condiciones pueda existir una coexistencia.
Hay una palabra para lo que viven los palestinos sea de Gaza o de Cisjordania, se llama: Apartheid y Sudáfrica viene a nuestra memoria con la segregación, discriminación y odio que había por parte de la población blanca minoritaria hacia la población negra mayoritaria.
Ese Apartheid está presente en Israel que no permite circular en determinadas carreteras a los palestinos; que limita el acceso de los palestinos a las escuelas, centros de salud incluso hasta a sus propias mezquitas para rezar.
¿Cómo puede darse una sana convivencia entre judíos y palestinos bajo esas circunstancias imperantes? En lo personal he visitado varias veces Israel. La primera vez en el jubileo de 2000, en el verano, llegué por Haifa y me trasladé a Belén, Jerusalén y Tel Aviv.
En ese primer viaje, el gobierno de Israel ya estaba construyendo diversas alambradas, muros y puestos de control y de vigilancia para segregar a la población palestina. En Belén, un colega que ahí vive me llevó a un barrio bastante acomodado que estaba completamente deshabitado… era una colonia fantasma. Le pregunté qué había sucedido y me explicó que el gobierno israelí les había cortado el agua, la luz, el gas y los había hostigado subiéndoles al mil por ciento los impuestos. Por ende, todos al final abandonaron sus casas, sus locales comerciales, sus escuelas, sus mezquitas y se fueron a Cisjordania.
Cuando volví a Israel en 2015 y llegué por Tel Aviv, mi colega me dijo que tenía que ver con mis ojos lo qué hacía Israel y me llevó a Belén y volvimos al mismo barrio que conocí completamente abandonado. Solo que, en esta ocasión, estaba lleno de judíos que habían ocupado las casas abandonadas y los comercios ya eran suyos. Y, esto sigue siendo una constante actualmente… así es imposible hablar de paz.





