La Cumbre de la OTAN en Vilna, Lituania, del 11 y 12 de julio, quiere ser tan significativa como la que en su momento fue la Cumbre en Madrid en la que tanto, Suecia como Finlandia, solicitaron su ingreso formal a la Alianza Trasatlántica.
A la reunión de los aliados en Vilna se llega con un nuevo país miembro: Finlandia que decidió romper su tradicional neutralidad ante los acontecimientos desencadenados a raíz de la invasión de las tropas rusas en Ucrania, desde el 24 de febrero de 2022. Lo mismo hizo Suecia, pero su ingreso, no ha logrado destrabarse del todo.
A Suecia, el camino le está siendo más tortuoso: el presidente turco, Recep Tayipp Erdogan lleva tiempo acusando al gobierno de Estocolmo de proteger y dar cobijo en su territorio a terroristas kurdos. Hungría tampoco ha movido ficha a favor de Suecia.
Pero todo es diplomacia (para la UE aflojar la billetera en forma de ayudas e inversiones) y una de las sorpresas que podría darse en la Cumbre de Vilna es que Suecia logre el aval de Turquía y Hungría cuyos, respectivos parlamentos, deberán aprobar su adhesión.
Otra sorpresa, según se ha venido ventilando, es la esperada visita in situ de Volodímir Zelenski, presidente de Ucrania, al cónclave de la Alianza. Es increíble la capacidad de liderazgo del mandatario ucranio que ha pasado de ser el cómico que llegó a presidente de su nación a convertirse en una verdadera figura de liderazgo no solo en su patria, sino con una proyección externa muy potente.
Zelenski acude a Vilna con la intención de que Ucrania inicie un proceso de adhesión a la OTAN algo que resulta bastante contradictorio para el propio organismo considerando que sería la primera vez que entrase en sus filas un país con una invasión en ciernes; lo que en automático y en caliente sería la intromisión de la OTAN en una guerra directa contra Rusia… vamos, la Tercera Guerra Mundial.
Y, por supuesto, el gran anuncio esperado en la OTAN es quién sustituirá a Jens Stoltenberg al frente de la Alianza a partir de septiembre. El noruego cierra un ciclo: la reunión de Rishi Sunak, primer ministro de Reino Unido, hace unos días en Estados Unidos con su homólogo norteamericano, Joe Biden, ha sido entre otras cosas, para decidir quién dirigirá a la nueva OTAN 2.0. Ambos quieren a un hombre con experiencia militar y dejar por el momento los mandos civiles, esto es si acaso, una revelación importantísima acerca de la naturaleza de los acontecimientos que el mundo está viviendo a raíz de la invasión rusa. Sunak quiere a su ministro de Defensa, el militar Robert Ben Lobban Wallace al frente de la OTAN y Biden, quiere a su cabeza del Pentágono, Lloyd James Austin III. Salvo sorpresa, uno de los dos, comandará los destinos de la Alianza en tiempos turbulentos.





