Por La Espiral: La geopolítica seguirá marcando las manecillas del reloj mundial en 2024

Por La Espiral: La geopolítica seguirá marcando las manecillas del reloj mundial en 2024

La economía mundial está en manos de la geopolítica que sigue estrujándonos. Se han ido concatenando una espiral de crisis, a penas salimos de una y en un período corto de tiempo, entramos en otra para orbitar, devastados por la destrucción de capital, de puestos de trabajo y del empobrecimiento del grueso de la población.

Este siglo está resultando devastador: de los demoledores efectos de la crisis subprime, pasamos después al mazazo de la pandemia del coronavirus y los lockdown, junto con las miles de muertes que dejó aquí, allá y en todos sitios.

Cuando creímos que ya nada podría sorprendernos, la Rusia de Putin preparaba una invasión a Ucrania, una de las economías que son granero de Europa y de otras partes del mundo, pero también proveedora de materias primas energéticas.

Y luego, para colofón, el frente en Medio Oriente con la asonaeda bélica de Israel contra la Franja de Gaza, tras los atentados terroristas perpetrados por Hamás y la Yihad Palestina el 7 de octubre pasado en varios kibutz, que ha provocado una respuesta aplastante por parte de las fuerzas militares israelíes.

La geopolítica está marcando el derrotero del mundo en materia económica, desde la invasión de las tropas rusas a Ucrania que este 24 de febrero cumplirá dos años, y que según Washington ya ha costado casi medio millón de bajas al ejército ruso.

Y Putin no va a ceder como tampoco va a ceder en sus intenciones por quedarse hasta 2030 en el poder en Rusia. El 17 de marzo habrá elecciones en Rusia y este político, nacido en San Petersburgo, cumplirá 72 años este año y de mantenerse en su cargo, por otros seis años más, lograría superar al dictador Iósif Stalin que gobernó a la URSS, desde 1929 hasta 1953, año en que murió.

Rusia acude a las urnas en un contexto marcado por múltiples desafíos de seguridad interna: “La retirada rusa de la región ucraniana de Járkov, el impacto de la guerra en Ucrania, el fallido levantamiento por parte de Wagner el pasado junio y los disturbios antisemitas en el Cáucaso Norte en octubre de 2023, podrían forzar a Putin a realizar profundas remodelaciones de la cúpula política y militar aprovechando el calendario electoral”.

Desde que Putin está en el poder en Rusia, a partir de 2000 ocupando unas veces el cargo de presidente y otras de primer ministro, no han dejado de pasar atentados terroristas desestabilizadores en varias partes del mundo y se han dado anexiones territoriales de los viejos feudos que alguna vez pertenecieron a la URSS. Putin ha sido y seguirá siendo mientras viva el gran titiritero que mueve las piezas del ajedrez a su conveniencia y además mantiene una preocupante cercanía con Irán y con Corea del Norte, ante la mirada condescendiente de su “gran amigo chino” Xi Jinping.

Tanto el FMI como el Banco Mundial y la OCDE, llevan a cabo sus previsiones de crecimiento mundial sabedores de que la tarta global está en manos de lo que haga Putin en Ucrania; de lo que suceda entre Irán e Israel; de los roces entre Corea del Norte y Corea del Sur… en suma, de que sigan alargándose los conflictos con repercusión mundial y, peor todavía, que se abran nuevos frentes que dinamiten el comercio marítimo.

 Y encima será un año electoral en 76 países, esto significa que más de 4 mil millones de seres humanos, estarán llamados a las urnas en sus respectivos países. Unas elecciones que también preocupan no solo por cuanto significan para la buena salud de la democracia, sino por el grado de repercusión que terminarán teniendo en los actuales conflictos: ¿qué pasará con Ucrania si, por ejemplo, Trump vuelve a la Casa Blanca? Toda esa incertidumbre, todo ese ruido, todo ese nerviosismo, es humo negro para una economía mundial atrapada en la espesura de las guerras, los roces y los conflictos.

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