Si algo queda claro en los intereses estratégicos de EEUU –de cara a la segunda mitad del siglo XXI– es que Europa no es su prioridad, el foco concéntrico para la Casa Blanca se ha desplazado a la zona del Indo-Pacífico conformada por un triángulo neurálgico para la seguridad y el comercio global.
La conforman el Indo-Pacífico Occidental que abarca la costa Este de África, el mar Rojo, llega hasta el golfo Pérsico comprendiendo además el mar de Arabia y se extiende hacia el golfo de Bengala y el mar de Andamá.
Luego está el Indo-Pacífico Central que esencialmente une a los océanos Índico y Pacífico y muchos mares de aguas de Indonesia; destaca el candente mar de China Meridional convertido en una perla de disputa entre China y otras naciones. También figura el mar de Filipinas, Australia con su costa norte, la Micronesia, Nueva Guinea, las islas Salomón, Vanuatu, Fiji y Tonga.
Y, por último, el Indo-Pacífico Oriental, con muchas de las islas volcánicas situadas a lo largo y ancho del Pacífico; allí están las islas Marshall, la de Pascua y Hawái.
Mientras Europa huele a rancio pasado, esta región del mundo concentra la atención de potencias como Estados Unidos, China, Japón, Australia e India dotadas cada una con características muy particulares pero cuyos destinos chocan precisamente en el Indo-Pacífico sobre todo de cara al futuro.
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Tan es así que el más reciente conflicto diplomático entre Washington y París ha sido detonado porque Joe Biden, presidente de Estados Unidos, ha ofrecido al gobierno de Australia dotarlo con submarinos de mayor precisión y capacidad nuclear que los ofertados por la compañía francesa DCNS con una mayoritaria participación estatal.
Todo parecería una mera cuestión mercantil, con la producción de submarinos de por medio, empero no es así, muy a pesar del enorme enfado del Elíseo que ha terminado llamando a consultas tanto al embajador norteamericano como al australiano en suelo francés y les ha pedido volver a sus respectivos países.
Es verdad que Francia pierde un acuerdo bilateral signado desde 2016 para la producción de 12 submarinos a Australia, una jugosa cifra que supera los 40 mil millones de dólares. Dinero que no entrará más en las arcas francesas y en cambio, lo hará, en la cuenta del Pentágono.
Para Macron, que al parecer buscará su reelección en 2022, significa un enorme varapalo: no solo enfrenta un creciente malestar social y ciudadano al interior del país también le pasa hacia fuera, Francia sigue perdiendo bonus constantemente desdeñada por su socio trasatlántico tradicional.

Tampoco tiene buenas lides con Reino Unido. Macron ambiciona ocupar el lugar de liderazgo, adentro de la Unión Europea (UE), que la canciller germana Angela Merkel dejará al irse del gobierno de Alemania, no obstante, él cuenta con la enorme antipatía de los países de Europa del Este. Si sale reelecto –que está en veremos– tendrá un escenario complicado para fungir de eje de cohesión del cónclave europeo.
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En el panorama internacional le debilita que, para la Unión Americana, Francia no sea un interlocutor de primera línea para sus intereses geoestratégicos. Toda la UE tiene la sensación de haber sido utilizada a través de la OTAN en el llamado de Estados Unidos tras los atentados del 11 de septiembre de 2001.
En los últimos meses, el mundo entero ha testificado cómo 20 años después, las tropas norteamericanas han salido corriendo de Afganistán mientras que las europeas –de apoyo militar– debieron entenderse solas en esa huida grotesca. Se trata de uno de los peores errores históricos cometidos por la Unión Americana y cuyas consecuencias pronto resentirá Occidente.
Nuevo eje AUKUS
El presidente Macron calificó de “puñalada por la espalda” la intervención de Estados Unidos en un acuerdo comercial con Australia. Casi un mes después del desaguisado diplomático, tanto Macron como Biden, se reunieron en la Cumbre del G20 en Roma intentando limar asperezas.
El representante del Elíseo no consiguió recuperar el acuerdo con Australia, ha debido aceptar la explicación que su homólogo estadounidense le ha ofrecido, con una especie de mea culpa: “Lo que hicimos fue torpe y no muy elegante”.
Si bien, ambos acordaron “relanzar una nueva etapa” en las relaciones bilaterales Francia-Estados Unidos, en general, la posición europea sigue muy debilitada ante su socio obsesionado en cómo pertrecharse lo mejor posible ante el poderío y la creciente influencia de China.
No en balde el 15 de septiembre pasado nació una nueva alianza militar entre Estados Unidos, Reino Unido y Australia, mejor conocida como AUKUS y que enfoca su órbita de actuación en el Indo-Pacífico.
También Biden había llamado a sus contrapartes Scott Morrison, primer ministro de Australia, por India, al primer ministro Narendra Modi y por Japón, al primer ministro Yoshihide Suga para reflotar sus intereses comunes frente a China.
Estos países intentaron unir lazos con la anterior propuesta del entonces primer ministro de Japón, Shinzo Abe, que en 2007 logró convocarlos en el Quadrilateral Security Dialoge (Quad). Este foro puso sobre de la mesa la necesidad de crear un frente de alianzas para salvaguardar la estabilidad de la región del Asia-Pacífico.
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Ahora con AUKUS, tanto Reino Unido como Estados Unidos, refuerzan su alianza militar con Australia y le aseguran que lo proveerán con lo mejor de la tecnología de vanguardia en el renglón bélico y de defensa.
Ante esa promesa, el gobierno de Canberra ha desestimado el contrato previamente signado con el Elíseo para dotarlo de un conjunto de submarinos que, según el Pentágono, carecen de todas las novedades más vanguardistas en cuanto a tecnología militar refiere.
Francia ofrecía submarinos convencionales y Defensa de Estados Unidos varios submarinos de defensa y con tecnología nuclear; a la fecha, un puñado de países tienen submarinos nucleares: China, Rusia, India, Reino Unido, Francia y Estados Unidos.
Además, AUKUS incluye otras ventajas: “Reforzará la cooperación diplomática, de seguridad y de defensa en el Indo-Pacífico. Incluye el trabajo conjunto sobre capacidades cibernéticas, inteligencia artificial, tecnologías cuánticas y capacidades submarinas adicionales, como sensores submarinos y drones”.

Si con Francia se han lastimado las relaciones derivadas de la cancelación del contrato, con China las reacciones han sido igualmente inmediatas. Zhao Lijian, portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores chino, calificó a AUKUS de “dañar gravemente la paz y la estabilidad regional” porque endurece la carrera armamentista. En Taiwán, por lo contrario, celebraron por todo lo alto la alianza.
- @claudialunapale





