Ni la urgencia sanitaria provocada por la pandemia del SARS-CoV-2, ni el incremento de fallecidos afectados por los contagios y todas las necesidades por atender con una crisis económica como daño colateral, han logrado contener el gasto militar.
En parte porque estamos en una guerra biológica, según las propias palabras del presidente de Francia, Emmanuel Macron, que no ha flaqueado en catalogar la actual vorágine como una batalla campal contra un enemigo invisible como lo es el patógeno del Covid-19.
De momento, no logra encontrarse un culpable directo del origen del coronavirus y existen varias tesis bajo el brazo: 1) Un virus que se transmitió de un animal al ser humano; 2) un virus transmitido de un animal a otro como huésped y de éste al ser humano; 3) un virus diseñado en un laboratorio de China como parte de una estrategia hegemónica contra Estados Unidos y Europa; 4) un virus producto de la caída de un meteorito como sucedió cerca de Wuhan antes de que se declarase zona cero del coronavirus; 5) su origen como parte de la hipótesis de los virus dormidos que van despertando en la medida que el cambio climático agudiza las altas temperaturas; 6) un virus en los productos congelados que provienen del mar.
Amenazas Híbridas con Capacidad Terrorista: Reconfiguración del Crimen Organizado como Riesgo Estratégico Nacional
Sin evidencia clara al respecto para probar cualesquiera de las conjeturas planteadas, la guerra biológica solo tiene entonces un enemigo claramente certero: el coronavirus.
Y en medio de esta calamidad, la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) se ha gastado un trillón de dólares en el rubro militar y de defensa el año pasado lo que supone un 3.9% más respecto de 2019.
De acuerdo con el informe anual 2020 de la OTAN, los aliados europeos y Canadá (sin contar a Estados Unidos) de 2014 a 2020, se gastaron 190 billones de su propia defensa.
La Alianza está formada por 29 países, Estados Unidos es el miembro que históricamente más gasta en materia militar y de defensa, simplemente el año pasado ejerció 784 mil 952 millones de dólares.
Solo la Unión Americana representa más del 53% del gasto de todo el organismo, surgido el 4 de abril de 1949, como resultado de la Segunda Guerra Mundial y el nuevo orden internacional.
Asalto cultural y territorial: La guerra asimétrica contra la autonomía indígena
En los últimos años, varios presidentes norteamericanos han venido presionando a sus compañeros de la OTAN para que hagan un esfuerzo e incrementen el gasto militar a fin de que, por lo menos, destinen el 2% de su PIB anual a defensa; lo ha hecho George W. Bush, Bill Clinton, Barack Obama y de forma grosera y amenazante Donald Trump durante el cuatrienio pasado.
En 2020, Estados Unidos aportó el 3.73% de su PIB a gasto en defensa y los aliados que más esfuerzo hicieron al respecto fueron: Grecia con el 2.68% de su PIB; seguido de Estonia con el 2.33%; después Reino Unido con el 2.32%; muy cerca Polonia con el 2.31% del PIB; la pequeña Latvia con el 2.27%; así como Lituania con el 2.13%, Rumania con el 2.07%, Francia con 2.04%; dos países como Noruega y República Eslovaca, cada uno destinó el 2% de su PIB.
En los informes más recientes del organismo que preside, Jens Stoltenberg, se sitúa tanto a Rusia como a China, como las dos más grandes amenazas… la primera atentando a la seguridad geopolítica y militar; y la segunda, como amenaza geoeconómica y también con crecientes roces en el Mar de la China Meridional así como con Hong Kong, Taiwán y en la violación de los derechos humanos de poblaciones minoritarias como sucede en el caso de los uigures musulmanes de la provincia de Xinjiang.
Los países de Europa del Este que alguna vez estuvieron bajo el radio de influencia de la URSS bajo la llamada Cortina de Hierro y el Consejo de Ayuda Mutua Económica (Comecon) son los más preocupados por la influencia de la Rusia de Vladimir Putin en sus territorios y en los países vecinos.
Seguridad Híbrida: Reinventando al caballo de troya en operaciones militares
El conflicto con Ucrania en suelo europeo ha provocado mucho nerviosismo y recelo, más todavía tras la anexión de Crimea y las maniobras políticas internas en Moscú con reformas constitucionales a favor de la perpetuidad en el poder de Putin.
El mandatario ruso nunca ha escondido sus apetitos por recuperar la zona de influencia que se heredó tras ser una de las naciones vencedoras en la Segunda Guerra Mundial y derrotar junto con Estados Unidos y Reino Unido al nazismo alemán y al fascismo italiano.
Putin quiere hacer de Rusia un gran conglomerado de influencia económica justo lo que le hace falta y que tanto admira de su gran socio como lo es China.
La alianza cada vez más estrecha entre China y Rusia es otra de las causas de preocupación no solo para la Unión Americana también para los europeos en especial para aquella parte de Europa -la del Este- que bajo décadas estuvo bajo la órbita de influencia soviética; de hecho, son los países que más están incrementando su gasto militar.
China y Rusia preocupan a Occidente
De acuerdo con la consultora BAV Group y la Wharton School, en 2020, el ranking de las potencias globales del siglo XXI está liderado por Estados Unidos, Rusia, China, Alemania, Reino Unido, Francia, Japón, Israel, Corea del Sur y Arabia Saudita.
En dicho balance se ha tomado en cuenta una serie de variables: liderazgo, influencia económica, influencia política, fuertes alianzas internacionales y fortaleza militar.
La Unión Americana seguirá siendo la potencia económica global, por lo menos, hasta 2030; tanto BAV Group como la Wharton School resaltan la gran influencia militar estadounidense con un presupuesto anual hasta ahora imbatible: 784 mil 952 millones de dólares.
A ese liderazgo e influencia, le sigue Rusia que tiene un buen posicionamiento militar, goza de presencia geoestratégica, de influencia global pero el tamaño de su economía medida por el Producto Interior Bruto (PIB) o en inglés GDP, no la ubica dentro de las diez más relevantes: Estados Unidos, China, Japón, Alemania, Reino Unido, Francia, India, Italia, Brasil y Canadá.
Para Antony Blinken, secretario de Estados de Estados Unidos, las nuevas formas de cooperación entre la Unión Americana pasa por reconstituir el multilateralismo con decisiones de apoyo mutuo sobre todo en cuanto a la imposición de sanciones a terceros.
Por La Espiral: Transitamos hacia un nuevo orden mundial y en esta fase EUA ha decidido patear a sus aliados
Si algo queda claro con el cambio de Administración en la Casa Blanca es que la obsesión por China y por Rusia no era un asunto de Donald Trump, lo es más bien un asunto de prioridad geopolítica y geoeconómica de la todavía potencia mundial, gobierne quién gobierne desde Washington, sin importar si son demócratas o republicanos.
La llegada del demócrata Joe Biden al poder así lo revela, no ha variado un ápice la postura en política exterior heredada de su antecesor, el republicano Donald Trump.
Al contrario amaga con empeorar la guerra de sanciones tanto con Beijing como con Moscú; se está abriendo una nueva pinza ideológica como en los peores años de la Guerra Fría, ya no es el capitalismo versus el comunismo lo es la democracia versus la autocracia.
El presidente Biden y Blinken quieren que Occidente tenga una Alianza para la Democracia, lo primero pasa por convocar una Cumbre Internacional para la Democracia… básicamente un convite del que están excluidos Irán, Corea del Norte, Venezuela y esencialmente China y Rusia.
El melón ideológico pretende volver al estigma de “los buenos y los malos” sin que se ponga sobre de la mesa la necesidad de encontrar un consenso, acuerdos, negociaciones y puntos que permitan reducir fricciones internacionales y no aumentarlas.
Por La Espiral: Operación Telaraña de Ucrania cambiará el teatro de la guerra
A China se le reprocha la violación a los derechos humanos no solo contra Hong Kong, Taiwán y los uigur mientras flotan las brumas de duda de su participación real en el virus del SARS- CoV-2 sin que, hasta el momento, se haya logrado probar que el patógeno escapó de forma intencionada de un laboratorio desde Wuhan.
En octubre de 2017, en el seno del 19º Congreso Nacional del Partido Comunista de China, el mandatario Xi Jinping, defendió el pensamiento socialista para una nueva Era y cimentó que el fortalecimiento del PCC es fundamental para comandar los destinos del gigante asiático. Jinping añadió el comunismo a la Constitución.
Jinping podrá gobernar tanto como quiera, perpetuarse en el poder tal y como está aconteciendo con la Rusia de Putin, cuyos movimientos en Ucrania mantienen en alerta a la OTAN.
Hace unos días, el mandatario Biden llamó la atención de reimponer más sanciones a Rusia tras el despliegue de nuevas tropas rusas en la frontera con Ucrania.
El presidente Putin defiende que es necesario cumplir con los Acuerdos de Minsk (firmados desde 2015) para poner paz en la zona que nuevamente está al borde de un nuevo conflicto militar con los rusos.
Geopolítica de roces y no parece que ni Biden, ni Putin, ni Jinping tengan mucho ímpetu de evitar… lamentablemente en medio de una pandemia contaminada igualmente por los apetitos imperialistas de las potencias.
Escorpión: vehículo no tripulado
En España, el ministerio de Defensa, recién aprobó el proyecto “Escorpión” destinado a desarrollar vehículos UGV (Unmanned Ground Vehicle) que ya están en funcionamiento en ejércitos como el israelí y el estadounidense.
Se trata de sistemas no tripulados desde aeronaves con tecnología que pueden ser usados para seguimiento, vigilancia, ataques, objetivos precisos o bien recogida de heridos.
“El programa Escorpión es un primer paso. El objetivo de esta iniciativa es identificar en los próximos tres años aquellas tecnologías asociadas sobre todo a la robótica que deberán incorporar los futuros vehículos terrestres no tripulados del Ejército español y evaluar los desarrollos existentes o en fase de diseño en el mercado. La industria española, por lo general, no tiene una gran experiencia en el diseño y fabricación de UGV, no obstante, un buen número de compañías están trabajando ya en esta línea”, señaló Defensa.
Su implementación queda en manos de la Dirección de Armamento y Material (DGAM) del Ministerio de Defensa. En concreto, por la Subdirección General de Planificación, Tecnología e Innovación (Sdgplatin).
“Entre otros requisitos, los UGV tienen que disponer de un diseño modular que permita implantar sobre una misma plataforma diferentes sistemas, deben ofrecer la posibilidad de operar en enjambre (varios UGV en una misma misión) y en ningún caso podrán ser accionados sin la intervención de una persona. El programa Escorpión también contempla una selección de los robots más prometedores y proyectos específicos para ayudar a las empresas a introducir las mejoras identificadas durante la etapa de experimentación”.
- @claudialunapale





