Biden advierte que, si falla la diplomacia, su país está listo para pasar a otro escenario frente a Rusia.
A su vez, Putin acusa a Estados Unidos y a Occidente de fomentar la histeria mientras el presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, pide que se deje de fomentar el pánico porque le está perjudicando gravemente a su economía.
Desde hace varias semanas se viven las peores horas de tensión mundial con los actuales juegos de guerra entre Rusia contra Ucrania y que involucra a la Unión Americana y a la OTAN por las peticiones desde el Kremlin de firmar un nuevo pacto de seguridad regional en Europa que limite la expansión de la infraestructura de la OTAN hacia Europa del Este y evite la inclusión de Ucrania entre las filas de la Alianza.
La actual tensión regional en Europa del Este y Rusia es incluso más grave que la vívida por la llamada crisis de los misiles de octubre de 1962 con Cuba como el centro de la discordia tras revelar el presidente John Fitzgerald Kennedy, informes de la CIA al respecto de una instalación militar en Cuba que podría ser utilizada para el lanzamiento de misiles soviéticos.
La amenaza para Estados Unidos era directa, aquel capítulo se saldó con una alta tensión en la llamada Guerra Fría considerada como la de mayor riesgo de confrontación real entre las dos potencias nucleares del momento.
El actual desafío es todavía más peligroso porque además de los actores involucrados hay muchos otros países abiertamente posicionados y con rencores acumulados y por supuesto, mejor armados que en 1962.
Varias tropas chinas e iraníes han estado haciendo maniobras militares de apoyo junto con el ejército ruso.
Si en la década de los sesenta, fue la Casa Blanca la que puso el grito en el cielo –sintiendo su seguridad vulnerada– con Cuba a 1 mil 933 kilómetros de distancia, ahora el Kremlin exige que Estados Unidos y el resto de los países de la OTAN respeten el Acta Fundacional sobre las Relaciones, Cooperación y Seguridad Mutuas entre la OTAN y Rusia signada el 27 de mayo de 1997 en París.
Este documento sentó las bases para una desescalada inicial de las tensiones entre la Unión Americana y Rusia fundamentalmente en Europa que buscaba una consolidación tras el desmantelamiento del bloque soviético socialista (la antigua URSS se extinguió el 25 de diciembre de 1991); entonces en dicha Acta se reconoció un nuevo equilibrio de fuerzas.
“Los Estados miembros de la OTAN reiteran que no tienen ninguna intención, proyecto ni razón para desplegar armas nucleares en territorio de los nuevos miembros como tampoco ninguna necesidad de alterar el despliegue nuclear de la OTAN o su política nuclear ni tampoco prevén ninguna necesidad de hacerlo en el futuro.
Esto incluye el hecho de que la OTAN no tiene ninguna intención ni necesidad para establecer depósitos nucleares en territorio de dichos miembros”, de acuerdo con parte del texto signado en su momento por el entonces presidente ruso, Boris Yeltsin y su contraparte norteamericana, Bill Clinton y la OTAN representada por Javier Solana.
El texto era una especie de garantía para que Rusia se sintiera tranquila sobre los nuevos estados de su antigua confluencia que quisieran formar parte del Tratado del Atlántico Norte y que éstos no albergarían armas nucleares, ni bases nucleares, ni de misiles, que pusieran en riesgo la seguridad del Kremlin.
Desde la desaparición de la URSS, no solo los países del Pacto de Varsovia, sino también las formadas nuevas repúblicas han ido ingresando a la OTAN: en 1999, Polonia, Hungría y República Checa y en 2004, Rumanía, Eslovenia, Bulgaria, Eslovaquia, las repúblicas bálticas y Rumanía.
Pero ha sido especialmente delicado el asunto de Ucrania con su interés e intención de ingresar a la OTAN y a la Unión Europea (UE) porque los rusos se sienten unidos a la historia de Kiev.
Tras la renuncia de Yeltsin (31 de diciembre de 1999), precisamente Vladimir Putin se convirtió en presidente interino y desde entonces se quedó instalado en el poder en algunos períodos alternando como primer ministro.

En su idea de la política exterior, el presidente ruso reclama a EU y a la Alianza que se cumpla con el texto del 27 de mayo de 1997 y que Ucrania no tenga ninguna posibilidad de convertirse en miembro temiendo por su seguridad.
Entre Ucrania y Moscú hay una distancia de 1 mil 168.6 kilómetros.
El mandatario Putin está convencido de que no puede haber ningún resquicio para que se instalen bases militares, ni depósitos nucleares, ni sistemas antimisiles en los países cercanos a su frontera.
Y pide igualmente que la OTAN retire todo el armamento que haya instalado en varios de sus países miembros que formaron parte de la exURSS.
Profundos intereses
Pero esto va más allá del tema de la seguridad. Raúl González, analista internacional, señala que este conflicto puede evaluarse desde distintos puntos de vista: económico, militar, político e incluso geográfico.
“Es cierto que Rusia está aprovechando un momento especialmente sensible después de que el eje de las operaciones –sobre todo de Estados Unidos y sus alianzas– tienden a fijarse más en otro punto del planeta como es el Indo-Pacífico con un conflicto económico y de intereses.
Rusia llevaba ya desde hacía tiempo reclamando lo que la Alemania nazi llamaba El Lebensraum, esto es, el espacio vital”, comentó el experto en España del Instituto para el Desarrollo de la Inteligencia en el Combate del Terrorismo, Seguridad y Defensa (IDITESDE).
¿De qué trata?
-De crear una zona de influencia en la que también desde luego está el tema económico y además de darles una seguridad.
Europa llevaba ya muchos años de paz, quizá una paz ficticia; pero ahora se aprovecha este momento que parece que Europa está adormilada y surge con el pretexto de la seguridad.
Rusia realmente quiere tener influencia en una serie de países que además le convienen económicamente.
Una nueva zona de influencia permitiría a Rusia dominar una parte neurálgica para el comercio internacional controlando la salida hacia varios puertos importantes no solo con la anexión de Crimea en 2014.
Entrevistado en exclusiva para la revista Campo Marte, González sargento primero de la Infantería de Marina de España y quien durante años acumuló experiencia en desactivar explosivos, descarta que entre Rusia y Ucrania llegue a suceder un conflicto bélico.
“Han sabido utilizar el tiempo, el momento adecuado.
Parte de su economía se basa en la exportación de energía a Europa y por eso han aprovechado el invierno para presionar con ese cierre del gas y además sabe que toda esa dependencia que tiene Europa tiene fecha de caducidad y en breve por las políticas que tiene la UE respecto de los combustibles fósiles parte de esa economía si no sabe transformarse a tiempo puede verse afectada”, apuntó.
Habla usted de ese momento, no son decisiones de súbito, está reciente lo de Afganistán… -Se percibe casi en varios países sobre todo en núcleos enfrentados, la debilidad por parte del poder que ha tenido Estados Unidos en la zona; incluso ese espacio vacío que ha dejado Estados Unidos en Europa al centrarse más en el Pacífico y en el índico parecía que ha dejado un hueco y Rusia está intentando explotarlo.

No cabe duda de que llevan desde hace tiempo empleando como táctica la desinformación, la contrainteligencia y en manejar los tiempos.
A González no le queda duda de que se llegará a la cesión y la concesión por la vía diplomática, hay mucha tensión acumulada entre ambas fronteras de Ucrania y Rusia con un enorme despliegue militar por tierra, por aire, por mar y a nadie le interesa que, en realidad, esto termine derivando en otra gran guerra mundial.
“Se está haciendo una política de máximos, pero ya veremos en qué queda. El tiempo juega en su contra, con la primavera a la vuelta de la esquina. Las negociaciones son imprescindibles y tratarán de manejar la situación un poco a su antojo y llegarán a un acuerdo. No habrá vencedores ni vencidos”, inquiere el experto en geopolítica.
¿Cree que terminará Ucrania entrando a la OTAN? -Ahora mismo hay países dentro de la Alianza que están lastrando los intereses de Estados Unidos, no creo que quiera otro frente abierto, otro problema más añadiendo a un país que el aporte real que va a ejercer dentro de la Alianza es menor respecto de los problemas enormes que puede generar.
El conflicto regional en Europa que intenta resolver a su manera Estados Unidos sin tomar en cuenta a los europeos está dejado mucho descontento, en la opinión de González varios países están jugando sus propias cartas: Alemania, ha jugado sus cartas respecto de su dependencia al gas ruso; Francia, juega las suyas lo mismo que Reino Unido… cada uno juega al ritmo de sus propios intereses pero como unidad hay unas fronteras en Europa del Este con bastantes problemas lo mismo en el caso de África.
Hay un problema en Europa, que como unidad tenemos que ejercer un control sobre de las fronteras.
De darse el conflicto armado con Ucrania, Putin ya sabe de antemano que tanto la OTAN como Estados Unidos, le impondrán severas sanciones comerciales, financieras y una serie de vetos como excluir al país del sistema de pagos SWIFT; la forma en cómo Rusia podría contraatacar sería subiendo el precio del gas y cortando su suministro hacia Europa lo que, en consecuencia, encarecería todavía más el precio de varias materias primas y terminaría traduciéndose en más inflación.






