La ultraderecha en Europa brota como un germen que en cada elección sigue posicionándose mejor en la medida que va debilitándose el centro. En las recientes elecciones para renovar el Parlamento Europeo y por ende, la Comisión Europea y otros órganos de gobierno, los partidos de derecha radical continuaron conquistando más presencia que se traduce en un mayor número de escaños. Por tanto, un rango más amplio para influir en la política europeísta.
Los resultados vuelven a dar la victoria al Partido Popular Europeo (PPE) con 189 escaños; el Grupo Renew Europe obtuvo 83 escaños, juntos tienen 272 escaños frente a los 223 de sumar a los diferentes grupos de izquierdas partiendo por el Partido Socialistas y Demócratas con 135 escaños; más lo 35 de La Izquierda y los 53 de Los Verdes.
Por su parte, los partidos de derecha radical han logrado acaparar el 20% de los escaños, antes tenían el 18.4%, ahora crecerán a 130 pero hay un grupo registrado como Otros que obtuvo 50 escaños y uno más que figura como No Inscritos que tendrá 45 escaños de los que, no se sabe, cuántos eurodiputados, podrían tener algún acercamiento ideológico en diversos programas y políticas de la derecha radical.
En la medida que avanza el cambio generacional y se muere la transmisión de valores de los baby boomers y la generación X vive desencantada y cada vez votando menos, los millennials y los veinteañeros de la generación Z que están muy alejados del impacto de la Primera y de la Segunda Guerra Mundial y de los movimientos de 1968 están participando más activamente mostrando su disconformidad por las políticas más centristas y a cambio, dan más su apoyo a los partidos con una ideología rupturista, radical y nacionalista.
Las elecciones europeas no solo son un profundo ejercicio democrático para conformar las diversas fuerzas de representación política de cada uno de los 27 países para llevar su voz y su voto al Parlamento Europeo, también son un termómetro político interno para medir la fuerza política de cada gobierno y de su capacidad de gestión y que tan fuerte o débil se encuentra en el terreno de los apoyos legislativos y ciudadanos.
No solo en Francia ha avanzado la utlraderechista Agrupación Nacional con una Marine Le Pen cada vez más cerca de cumplir su sueño de gobernar desde el Elíseo. También en Bélgica su primer ministro Alexander De Croo se vio forzado a renunciar tras las elecciones europeas acorralado por el avance de la derecha radical.
Y, en Alemania, casi gana la ultraderecha con Alternativa para Alemania (AfD) que se quedó en segundo lugar con el 16.5% de los votos, los cristianodemócratas alemanes ganaron, pero en cada elección el margen se estrecha más mientras que los socialdemócratas del partido del canciller Olaf Scholz obtuvieron el 14% de los votos.
En Austria, también la derecha extrema ganó en las elecciones europeas: el partido ultranacionalista FPÖ obtuvo un 27% de los votos, por adelante del partido democristiano ÖVP que es el partido en el gobierno y que habría obtenido un 23.5% de los votos. Y, en España, la derecha radical de VOX, se ha convertido en la tercera fuerza política con 6 eurodiputados. Prácticamente ya están en todas partes frotándose las manos para gobernar.
Solo hay que saber interpretar en clave de sol el signo de los tiempos: las nuevas generaciones quieren un cambio profundo, sienten que el sistema les ha fallado. Hay un tsunami migratorio. Hay un desencanto hacia el futuro económico: Alemania la locomotora de la UE tiene un motor gripado y eso es para llamar la atención y Francia, vive una descomposición social interna bajo el acecho del terrorismo yihadista.





