Por La Espiral: Un año de la invasión a Ucrania

Para Estados Unidos, su prioridad número uno seguirá siendo el gasto militar, cuidar de su defensa es vital y no piensa bajar la guardia bajo ninguna circunstancia.

Prueba de ello es el presupuesto militar para 2023: un histórico gasto de 840 mil millones de dólares.

Y Ucrania está además dentro de la agenda internacional, geopolítica y estratégica del presidente Joe Biden, aunque sin el apoyo al completo de la Cámara de Representantes (ahora de mayoría republicana) las tornas podrían cambiar en las ayudas económicas y militares al gobierno de Kiev.

Dentro del presupuesto militar se ha contemplado una cantidad de 1 mil millones de dólares para Ucrania en el terreno militar; por ejemplo, 100 millones de dólares para la iniciativa de entrenamiento de pilotos ucranios.

En 2023, la evolución de la invasión rusa a Ucrania seguirá marcando en buena medida la agenda geopolítica y Biden quiere reforzar también a la OTAN y para ello destinará 4 mil millones de dólares.

Recién inició el año, Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea y Jens Stoltenberg, titular de la OTAN, firmaron un acuerdo en pro de estrechar la cooperación entre la UE y la Alianza Trasatlántica en aras de ayudar a Ucrania de cara a lo que parece será una guerra larga.

Está previsión no puede ser más desalentadora para todos en medio de una guerra biológica –porque no termina la pandemia– y en la evolución de una recesión económica en varios países del mundo.

En este primer aniversario, el mayor riesgo es que la gente termine acostumbrándose a aceptar que la convivencia con la guerra es una realidad llevadera so pena del enorme sufrimiento humano. No debería ser así.

Además, el nuevo rearme es ya una realidad: el actual conflicto bélico más importante después de la guerra de Vietnam está sirviendo de laboratorio para la Inteligencia Militar, los centros de innovación de armamento y equipo militar.

Rusia, con sus errores tácticos y estratégicos, ha evidenciado que las guerras del siglo XXI nada tienen que ver con el pasado y que, sin un arma nuclear utilizada de por medio, no hay ejército pequeño si está bien entrenado, cuenta con información de Inteligencia Militar y aprovecha al máximo las armas más modernas suministradas.

Los soldados kievitas tienen encima la motivación moral de repeler y matar al invasor, así como defender su bandera, su patria, su libertad y su supervivencia futura como nación.

En este laboratorio, defensivo y ofensivo, las guerras no son suficientes para salir victoriosos.

Transitamos la era moderna de las guerras híbridas (y la pandemia es una guerra biológica cuyo origen sigue sembrando muchas dudas entre los avezados científicos) con los drones jugando un rol fundamental en cada batalla.

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