Regreso imperial

Regreso imperial

Al terminar el primer cuatrimestre de su segundo año de administración, el presidente Donald Trump presentó de manera conjunta y articulada cuatro estrategias basadas en su objetivo propagandístico pero válido de “hacer grande otra vez a Estados Unidos”.

La estrategia de defensa nacional, la estrategia contra las drogas, la estrategia de seguridad nacional y la estrategia contra el terrorismo reconstruyeron el poder coercitivo de Estados Unidos para asumir el control planetario de las actividades de Washington y volver a concentrar el poder mundial en la Casa Blanca.

El enfoque de la administración Trump se sustentó en la tesis de que Estados Unidos había emergido en el periodo 1847-1945 como la primera potencia militar, económica, monetaria y capitalista, pero que había cometido el error estratégico en la Segunda Guerra Mundial de aliarse con el comunismo soviético y verse obligado a compartir el control planetario en una lucha ideológico-económica entre los dos sistemas productivos que había definido de manera binaria con mucha precisión Karl Marx en 1848 en el manifiesto comunista: la historia se definía por la lucha entre capitalismo y comunismo.

De 1951 a 1989, Estados Unidos perdió el ritmo de control del equilibrio mundial, se conformó con el juego de contrapesos EU-URSS y le concedió mayor importancia al comercio mundial justamente 1989 con el Consenso de Washington para iniciar el ciclo de desarticulación productiva estadounidense y el reparto productivo en mercados articulados.

De 1989 a 2025, Estados Unidos perdió el control hegemónico mundial, cometió un error de no destruir el poderío ruso, mantuvo el enfoque kissingeriano de entenderse con China y permitió el surgimiento de poderes locales protegidos sobre todo por el petróleo árabe y latinoamericano y la ideología socialista que se metió al continente americano a través de Cuba. Detrás del discurso violentamente agresivo de Trump estaban los datos que en efecto probaban que Estados Unidos ya no tenía el control del equilibrio mundial y que estaba afectando el factor central de la existencia de EU como imperio: la imposición del american way of life o modo de vida americano que subordinaba a todas las naciones del planeta.

Con sus cuatro estrategias ha querido Trump regresar al poderío estadounidense que emergió de la Segunda Guerra Mundial, pero ya sin la Unión Soviética, ni China, ni el petróleo árabe, ni Cuba comunista. La nueva hegemonía estadounidense está regresando al control imperial del planeta, como lo demostró Trump con Rusia, Irán, Cuba y Venezuela.

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