En un conflicto que terminó vergonzosamente para México en 1847 con la Gesta Heroica de Chapultepec, este 13 de septiembre de 2020 se conmemora el 173 aniversario de la dolorosa derrota que marcó la victoria estadounidense para despojar a México de más de la mitad de su territorio.
Declarada la guerra por parte de Estados Unidos el 25 de julio de 1846, luego del Sitio de la Fortaleza Texas al norte del Río Bravo, y por parte de México el 23 de mayo de 1846, se iniciaron una serie de expediciones por parte del ejército regular de los EEUU en los territorios del norte para apoyar las insurrecciones que emigrantes ilegales anglosajones realizaron en varios de los pueblos mexicanos de California y Nuevo México, declarando el territorio como repúblicas independientes para su inmediata anexión a los Estados Unidos.
Debido al bajo número de las fuerzas mexicanas, estas expediciones fueron exitosas, pero para poder asegurar la posesión de los territorios debieron empezar con expediciones sobre las ciudades de Monterrey y la ciudad de México, para evitar el envío de fuerzas regulares al norte.
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Después de practicar varios reconocimientos en las Garitas de Niño Perdido, San Antonio Abad y la Viga, el General Winfield Scott, Comandante en Jefe del Ejército norteamericano, se dio cuenta de que la defensa de la ciudad se había limitado a su perímetro; entonces ordenó el ataque a Chapultepec, lugar que había quedado aislado y que como se sabe, es un cerro cubierto de bosque, en cuya cima existía una casa de los virreyes llamada: “Castillo de Chapultepec”, entonces destinada al Colegio Militar que sólo estaba ligeramente fortificada. La guarnición estaba formada por unos 832 hombres, incluyendo a los cadetes del Colegio Militar y siete cañones.
La posición de las tropas mexicanas era la siguiente: un hornabeque en el camino a Tacubaya y un parapeto en la puerta de la entrada; también se construyó parcialmente una trinchera, pero no hubo tiempo para rodear con ésta todo el bosque, en cuyo interior había varias fortificaciones incompletas. Mientras tanto, en el edificio del castillo se construyeron blindajes en la parte de los dormitorios y se rodeó con sacos de tierra todo el perímetro del edificio. Las piezas de artillería estaban colocadas en la parte más elevada del cerro, el jefe de esta defensa era el General Nicolás Bravo; el General Juan Cano mandaba la Sección de Ingenieros y la Artillería estaba dirigida por el comandante Manuel Gamboa.
Al amanecer del día 12 de septiembre de 1847, la batería americana rompió el fuego contra Chapultepec. Al principio sus disparos no causaron ningún daño, pero rectificadas las punterías hicieron grandes estragos. La artillería de Chapultepec contestó el fuego con precisión y acierto; los ingenieros trabajaron incansablemente en reparar los daños, mientras que la tropa, apostada detrás de los parapetos, sufrió cuantiosas bajas por el fuego de fusilería.
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El bombardeo fue terrible en los cuartos del mirador, destinados al hospital de sangre, en éste se confundían los cuerpos de los cadáveres con los de los heridos, para agravar la situación, se carecía de las medicinas más elementales. El General Bravo solicitó refuerzos al General Antonio López de Santa Anna, pero este no los envió. El día 13 al amanecer, la infantería norteamericana volvió a romper el fuego, arrollando a los pocos tiradores que se defendían al pie del cerro.
Se realizaron algunas escaramuzas para llamar la atención de las tropas mexicanas. Viendo el enemigo que su plan resultaba, dirigieron el grueso de su ataque por el Molino. El asalto se inició por una rampa y por la parte accesible del Noroeste, mientras que por el Norte y Oeste trepaban unos tiradores; en realidad, los invasores no encontraron mayor resistencia que la del terreno y la del heroico Batallón Activo de San Blas; pero al caer la mayoría de sus soldados, oficiales e incluso su jefe, ya no tuvieron dificultades para continuar su avance, varios generales mexicanos murieron y el General Bravo fue hecho prisionero; así como otros jefes, oficiales y alumnos, pero todos cumplieron con su deber hasta el último aliento.
Durante estos combates y la posterior toma del castillo por parte de los norteamericanos, seis alumnos del Colegio Militar ofrendaron sus vidas en defensa de la Patria. Juan Escutia, estaba de guardia y al ver avanzar a los invasores les presentó resistencia; luego se replegó y viendo que la bandera mexicana podía caer en manos del enemigo, se envolvió en ella y se arrojó al vacío.
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Vicente Suárez estaba apostado y al ver avanzar a los invasores les marcó el alto. Mató de un balazo a uno de ellos, hirió con la bayoneta a otro y cayó muerto en su puesto luchando con arma blanca; Francisco Márquez, era el menor de los seis niños héroes; murió acribillado al defender su patria; Fernando Montes de Oca, se dispuso a presentar batalla y murió al tratar de incorporarse al resto de los alumnos que defendían la entrada del bosque. Fue batido por las armas de los norteamericanos, que ya se habían adueñado de las partes altas del edificio.
Agustín Melgar, se portó con gran valentía rechazando casi él sólo al enemigo en el puesto que defendía, recibiendo numerosas heridas, incluso llegó a luchar cuerpo a cuerpo cuando ya se encontraba herido. Juan de la Barrera, ya tenía terminados sus estudios en el Colegio Militar, pero al enterarse de la guerra contra los Estados Unidos, dio inició al levantamiento de las fortificaciones de defensa del Castillo.
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Ostentando el grado de Teniente de Zapadores, se dedicó a construir un hornabeque y dos medios baluartes, casi frente a la entrada del bosque. Al acercarse el enemigo, quedó encargado de la defensa de ese punto, quedándose con algunos soldados y con las baterías que el General Mariano Monterde colocó. Juan de la Barrera defendió el punto a su cargo, hasta que las balas enemigas segaron su vida.
Finalmente aquella pesadilla de guerra para la nación mexicana había terminado. Un orgullo nacional lastimado por la derrota militar y la pérdida territorial, pese a los esfuerzos de una generación que hizo hasta lo imposible por evitarlo.
De toda la campaña, la defensa del Castillo de Chapultepec concentra el coraje guerrero de los mexicanos puesto al servicio de la patria. En aquel hecho de armas, los alumnos del Colegio Militar dieron un ejemplo de amor y servicio por la Patria.
El 15 de septiembre, ya tomada de forma pacífica la ciudad de México, el ejército estadounidense busca a los heridos tirados en el campo de batalla, reúne los cuerpos de sus muertos, y permite lo mismo a civiles y prisioneros de guerra mexicanos quienes usan las trincheras como tumbas comunes ya que muchos de los combatientes estaban lejos de su lugar de origen. En cambio, EEUU sepultó a sus muertos en un terreno ubicado en las esquinas de Circuito Interior y Calzada de Tacuba, el cual está declarado como un parque memorial por el gobierno estadounidense y hoy en día forma parte de la embajada de los Estados Unidos





