Seguridad ancestral

Seguridad ancestral

Al marco de control del riesgo ciber convienen un sinnúmero de medidas, si bien lo primordial no es la cuestión de los bits, sino la visión con que se protege el ciberespacio.

La diversidad de vectores de ataque y su velocidad son abrumadoras.

Sin embargo, los cambios en la forma de atacar y defender a personas, empresas y naciones no suponen un salto ingente en la concepción de la seguridad, que debe hacer gala de cualidades de antiguo probadas como adaptabilidad y descentralización.

Una amenaza cotidiana ciber es el “robo de identidad”.

El cuco, ave que lleva siglos practicándolo, desparece un huevo del nido del carricero y pone en su lugar a un usurpador, que se alimentará gratis.

La defensa en el mundo físico y el digital es la misma: la autenticación.

El carricero, a base de alimentar aves parásitas con confundido amor paterno, se adaptó desarrollando la técnica de marcar los huevos propios, para poder defenestrar los ajenos.

Solo que en ciberseguridad no se cuenta con siglos para adaptarse a nuevas amenazas, debe procurarse anticipación.

Estos días, EU aprobó el Quantum Computing Cybersecurity Preparedness Act.

Esta ley busca preparar desde ahora las contraseñas, por si llega el día en que las hoy más robustas se puedan descifrar como si nada.

Eso con computadoras cuánticas tan potentes que probarían a la vez, por superposición, todas las combinaciones posibles.

Casi como que usted pudiera estar ahora en su sala leyendo Campo Marte y, simultáneamente, en Los Cabos viendo a la ballena jorobada.

Futurista esa ley, tal vez, así también es la naturaleza cuando lidia con la incertidumbre; inventa cosas como la coagulación.

Puede o no ocurrir una herida, pero si ocurre, el sistema estará listo.

Para desarrollar respuestas flexibles, la organización de ciberseguridad también ha de serlo.

La inmunidad biológica basa su eficacia en componentes semiautónomos que detectan y actúan rápido ante el patógeno.

Claro que entre ellos existe una comunicación efectiva y esa es la clave aquí para extrapolar con éxito.

Entre esos componentes deben estar, además de autoridades, empresas.

En especial, las operadoras de servicios esenciales para la ciudadanía, por su despliegue, capacidades e importancia para la Seguridad Nacional: agua, energía, banca, telcos, etc.

En el proyecto de Ley General de Ciberseguridad ahora en el Senado, se crea la Agencia Nacional de Seguridad y se le dota de la responsabilidad de implementar los mecanismos de coordinación pública y privada, y en materia de protección de infraestructuras críticas.

Por lo que quizá veamos pronto esta sinergia.

Los vectores de ataque ciber pueden ser físicos o digitales; convencionales o no y claro, simultáneos, como en las nuevas amenazas híbridas.

Ante esto conviene visualizar una seguridad ágil y colaborativa, una suerte de inteligencia colectiva que en los sistemas más exitosos lleva mucho funcionando.

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