Seguridad en perspectiva: Demografía y Seguridad Nacional. México ante el envejecimiento de su población

Seguridad en perspectiva: Demografía y Seguridad Nacional. México ante el envejecimiento de su población

Introducción

Cuando se habla de seguridad nacional, la discusión casi siempre se centra en amenazas que son visibles: el crimen organizado, la seguridad, las fronteras, la migración, la desigualdad o las fuerzas militares, entre otros temas. Hay un factor silencioso que no recibe atención, pero que es clave: la demografía. El número de personas, su composición por edades y su distribución en el territorio determinan la capacidad de un Estado para sostener su economía, y ejercer control y cuidado de su territorio.

Hoy, según estimaciones del Consejo Nacional de Población, México cuenta en 2026 con 134 millones de personas, con una esperanza de vida al nacer de 76 años; 79 años en el caso de las mujeres y 73 en el de hombres. Las mujeres viven seis años más que los hombres en México. La tasa global de fecundidad es de 1.8 hijos por mujer, cifra por debajo del reemplazo que es de 2.1. A mediados del siglo XXI llegaremos a una población de alrededor de 150 millones de personas para empezar a descender. Ese sería el momento de máxima población en nuestra historia. En los años sesenta y setenta del siglo pasado, México crecía a una tasa levemente superior al 3% anual y el número promedio de hijos por mujer era de alrededor de siete. La población en esas fechas se duplicaba cada 20 años. Hoy crece a poco menos del 1% anual.

La historia de México muestra que la falta de población se tradujo en pérdidas muy importantes. Hoy, en un contexto internacional distinto, el país enfrenta un nuevo reto: el envejecimiento de la población, un proceso que no implica una amenaza en el corto plazo, pero sí un riesgo grave para la seguridad nacional si no se atiende oportuna y adecuadamente.

Una lección histórica

En el siglo XIX, México perdió más de la mitad de su territorio. Aunque esta etapa de nuestra historia suele explicarse por derrotas militares, existía un problema de fondo: la escasa población en el norte del país. Tras la independencia, la mayor parte de la población se concentraba en el centro de México, mientras que vastos territorios del norte permanecían prácticamente vacíos, con casi nula presencia institucional y con tasas de crecimiento poblacional muy reducidas.

Antes de perder el territorio desde un ámbito jurídico y de tratados, los territorios ya se habían perdido demográficamente. La lección histórica es clara: la soberanía territorial no se sostiene únicamente con fronteras formales, sino con población y su integración.

El nuevo escenario demográfico del siglo XXI

México no enfrenta hoy el riesgo de una pérdida territorial como la del siglo XIX. Las fronteras están consolidadas. Sin embargo, esto no significa que la demografía haya dejado de ser un factor estratégico.

El país atraviesa por un cambio demográfico:

  • Descenso continuo en los niveles de la fecundidad. Estamos por debajo del reemplazo demográfico. Las parejas tienen menos de dos hijos(as) en promedio. A mediados del siglo XXI la población de México empezará a descender.
  • Acelerado crecimiento de la población adulta mayor. Muchas de las personas de 65 años y más nacieron en el boom demográfico después de la Segunda Guerra Mundial. Los niveles de fecundidad observados en el sexenio de los años sesenta del siglo XX fueron los más elevados de nuestra historia.
  • Emigración de población joven de regiones rurales y periféricas, y elevada migración internacional. Aunque ahora con los retornos de migrantes estamos recuperando parte de nuestro bono demográfico.
  • Una esperanza de vida al nacer de alrededor de 76 años. En unos años más llegaremos a los 80 años. Serán las mujeres y no los hombres las que lleguen más rápido a los 80 años de esperanza de vida al nacer. Son las más fuertes desde el punto de vista de la supervivencia. Pero serán ellas las que tengan que enfrentar con mayores exigencias el envejecimiento demográfico debido a que viven más que los hombres. Podrían vivir solas en las edades avanzadas, pobres y enfermas. En algún momento, las mujeres mexicanas podrían alcanzar longevidades como la de Jeanne Calment, quien vivió 122 años y atribuía su larga vida al consumo diario de aceite de oliva, chocolate y jerez.
Seguridad en perspectiva: Demografía y Seguridad Nacional. México ante el envejecimiento de su población

El envejecimiento es importante en la seguridad nacional

El aumento de la proporción de personas mayores no es un problema en sí mismo, refleja avances en la ciencia de la salud y en la supervivencia. El riesgo surge cuando la composición por edades y la distribución de la población generan desequilibrios que el Estado no está preparado para enfrentar.

Entre los principales efectos destacan: menor población en edad activa para sostener el crecimiento económico, presión creciente sobre los sistemas de pensiones, de salud y de cuidados y riesgo de vacíos de población en regiones que envejecen y se despueblan.

En este contexto, la seguridad nacional deja de ser únicamente una cuestión militar y se convierte en una cuestión de capacidad del estado y de cohesión de la sociedad. Zonas con despoblamiento, envejecimiento acelerado y salida de jóvenes pueden volverse más vulnerables a economías ilegales, dependencia externa o abandono institucional. El territorio se vuelve cada vez más difícil de gobernar.

La demografía en la agenda de la seguridad nacional

Incorporar la demografía a la agenda de seguridad nacional no implica militarizarla. Quiere decir, reconocer que las decisiones demográficas tienen consecuencias estratégicas de largo plazo. Esto requiere un análisis permanente de la estructura por edad y de la distribución de la población en el territorio, una identificación oportuna de regiones en riesgo demográfico, una integración de la política de población con el desarrollo regional, la educación, la salud, la migración y los cuidados, una planeación más allá de los ciclos sexenales, como decía Víctor Urquidi, expresidente de El Colegio de México. La necesidad de planear lo demográfico a largo plazo.

El envejecimiento se debe gobernar, no ignorar. Las personas mayores deben seguir siendo social y económicamente activas. Debemos tener un sistema de cuidados de alto nivel.  El envejecimiento es territorialmente desigual y debe atenderse localmente. En pocas palabras, la demografía debe integrarse explícitamente a la seguridad nacional.

A manera de conclusión

Si el Estado Mexicano no incorpora la transformación demográfica en su política de desarrollo podría perder gradualmente su capacidad de gobernarlo, sostenerlo y proyectarlo hacia el futuro. La seguridad nacional del siglo XXI no se define solo por ejércitos, sino por la población y la planeación demográfica de largo plazo.

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