Hablemos de un tema súper importante en seguridad: la prevención, control y protección de personas en eventos masivos. Las concentraciones masivas representan uno de los mayores retos para la seguridad pública y privada. Eventos deportivos, conciertos, manifestaciones, celebraciones nacionales o festejos multitudinarios pueden reunir desde decenas de miles hasta millones de personas en un espacio limitado.
En fechas recientes, las emociones por los resultados de la Selección Nacional de futbol han llevado a los mexicanos al punto de la euforia y el descontrol en las celebraciones. Afortunadamente para la CDMX, las autoridades han reportado saldos blancos a pesar de algunos altercados, daños materiales y los famosos «portazos». Con casi un millón de aficionados convergiendo en Reforma, la tarea titánica de los elementos de la SSC de la capital ha entregado un resultado favorable y seguro para todos.
Si bien al cierre de este artículo las celebraciones transcurren con cierto exceso pero sin saldos negativos, lo cierto es que aún faltan encuentros deportivos que, de ser victoriosos, harán que la cantidad de asistentes irá en un aumento considerable. La experiencia internacional demuestra que la mayoría de las tragedias en eventos masivos no son ocasionadas por actos violentos, sino por el pánico colectivo, la sobreocupación de espacios, la mala planeación y la deficiente coordinación entre autoridades y organizadores.
La seguridad en estos escenarios requiere protocolos claramente definidos, tanto para quienes tienen la responsabilidad de proteger a la población como para los propios asistentes. Es decir, la tarea de cuidarnos en un evento masivo es de todos: de la autoridad para actuar en caso de un incidente y reaccionar de forma rápida y eficiente, y de los asistentes para no ponernos en situaciones de peligro, provocación o pérdida del control.
El objetivo principal nunca debe ser controlar a la fuerza a la multitud, sino administrar su comportamiento y evitar que evolucione hacia una situación de riesgo. La planeación del evento requiere de un estudio integral que contemple: aforos máximos, características del público, tipo de evento, horario, capacidad de nuestras fuerzas, consumo de alcohol y otras sustancias, transporte y rutas.

Los elementos no deben permanecer agrupados; su distribución estratégica en los puntos que deriven del análisis de riesgos tendrá el fin de hacer presencia, observar conductas antisociales o antijurídicas, y dispersar o separar estas de la aglomeración. Principalmente se deben ubicar en accesos, salidas, zonas estratégicas de alta densidad, centros de mando y salidas alternas. La autoridad debe prever una reserva táctica lista para intervenir.
Además de la seguridad física del lugar, debe instalarse un monitoreo permanente mediante el uso de dispositivos tecnológicos (CCTV, drones y personal de inteligencia), en su mayoría vinculados y coordinados con el C4 o C5 de las autoridades.
Hay señales de alerta a las que se debe estar atento: empujones, gritos, forcejeos y altercados; esto para evitar que escalen e involucren a más asistentes (riñas colectivas). Se debe contar con un sistema de altavoces efectivo que comunique a todos los asistentes en todo momento. Recordemos que la seguridad del lugar solo puede hacer uso de la fuerza cuando existe un riesgo para la vida y nunca para confrontaciones; su presencia es preventiva y disuasiva mediante una comunicación verbal clara.
Si una multitud comienza a descontrolarse, se recomienda identificar la causa, aislar la zona de conflicto con refuerzos, y detener y evacuar a los conflictivos. Se debe evitar en todo momento contener a las personas hacia muros y/o bardas por riesgo de lesiones.
La mejor herramienta de supervivencia en una multitud es conservar la calma, no correr, identificar un lugar seguro, tener un punto de encuentro previamente coordinado con tus acompañantes y acercarte a la seguridad del lugar en todo momento que sientas peligro. Es importante que identifiques unidades de apoyo como policías, ambulancias, personal de la Marina o el Ejército, si es que hay puntos de atención de estas autoridades.
La realidad es que, si bien la capital tiene 56,000 elementos operativos cubriendo los eventos del mundial, lo cierto es que están dispersos en diferentes puntos de nuestra ciudad (Zócalo, Estadio, Reforma, puntos estratégicos turísticos), por lo que no hay un número determinado de asistentes en el tan concurrido Ángel. Existen estudios que consideran que, en eventos masivos de un millón de asistentes, debe proveerse un promedio de un policía por cada 100 personas, lo que significa que para estar seguros y reactivos en el Paseo de la Reforma deberíamos contar al menos con 10,000 policías; sin embargo, la realidad es que, según el dato reportado, teníamos un estimado de 4,200. No se trata de una regla fija, sino de una estimación que debe ajustarse al análisis de riesgos específico de cada evento.
La seguridad en eventos masivos depende de tres pilares fundamentales. Primero, la planeación y evaluación de riesgos con los antecedentes e información previa, estudios técnicos y las rutas que se tienen. Segundo, la coordinación institucional, responsabilidad y atención oportuna de cualquier incidencia. Y el tercero, y creo que el más importante, la participación responsable de la ciudadanía: los asistentes desempeñan un papel esencial al conservar la calma, respetar las indicaciones del personal de seguridad, conocer las rutas de salida y evitar conductas que incrementen el riesgo colectivo.
La experiencia demuestra que una multitud no es peligrosa por sí misma; el verdadero riesgo surge cuando se combina una alta concentración de personas con una planeación deficiente, una comunicación ineficaz o reacciones de pánico. Es muy importante que nuestra ciudad refleje educación y seguridad, para que los eventos públicos abiertos masivos sean entornos familiares y seguros para todos. ¿Y si sí?





