Seguridad Estratégica: El valor de los pactos

Seguridad Estratégica: El valor de los pactos

En casi todas las crisis económicas mexicanas, las salidas se han encontrado detrás de las puertas que tienen el título de “pactos”.

Por sí solo y a pesar de su fuerza dominante, el Estado no tiene la capacidad para lograr la reactivación del aparato productivo.

Las cuatro crisis que produjeron PIB negativo (1983, 1985, 1993 y 2009) lograron aislar sus condiciones negativas a un año por los acuerdos multiproductivos.

El Estado es el rector de la economía y el desarrollo por mandato constitucional, pero su capacidad presupuestal no alcanza para mantener funcionando todo el aparato productivo.

La inversión pública puede llegar a 15% del total y la privada al 85%, pero el gasto estatal es el que orienta el desarrollo y crea las condiciones para multiplicar la demanda.

El hoyo productivo de 2020 por efecto de la pandemia del coronavirus y por la decisión estratégica de confinar a los ciudadanos y suspender actividades productivas para romper las cadenas de contagio requiere de acuerdos plurales.

El efecto de estas decisiones redujo la presencia de la enfermedad, pero también disminuyó las posibilidades productivas.

Todos los países tomaron la decisión estratégica de confinamiento y frenón económico, unos más que otros, otros más temprano que tarde, y al final impidieron los contagios.

Ahora la parte más difícil es reanudar el ritmo productivo para salir de la recesión inducida, algo casi como el coma inducido en ciertas lesiones cerebrales que requieren de pasividad para disminuir inflamaciones.

Las economías son sistemas de engranes que se conectan entre sí para construir una maquinaria interrelacionada.

Los pactos y acuerdos obligan a las partes que forman el sistema productivo a moverse de manera coordinada para evitar retrasos o adelantos que afecten a la producción.

La estrategia de los pactos nació en la crisis de los años ochenta, cuando la política económica necesitaba mover de manera alineada sus variables más problemáticas.

Por ejemplo, no subir salarios más alá del equilibrio con las utilidades y ambas sin afectar la inflación.

Los pactos estabilizan la economía, introducen buenos mensajes en los sectores sociales y desdramatizan los conflictos políticos derivados de las mismas crisis económicas.

A lo largo de cuatro décadas, México ha logrado avanzar en lo económico y lo político por la vía de los pactos.

Después del colapso devaluatorio de diciembre de 1992 y de su efecto negativo en el alza de tasas bancarias de interés arriba de 100%, la estabilización económica se logró con severo pacto estabilizador que pudo negociarse a cambio de un acuerdo de modernización política.

La economía salió en 1996 del hoyo recesivo de -6% de 1995 y de paso logró avanzar reformas democráticas que hubieran sido difíciles de alcanzar sin la motivación de la crisis.

Las decisiones estratégicas del poder se basan –o debieran hacerlo– del modelo de negociación estratégica de suma distributiva o de ganar-ganar.

El modelo antiguo era el de suma cero: lo que pierde un sector lo gana otro.

Ahora se trata de que todos ganen.

El sistema productivo requiere salir del hoyo recesivo, pero con la percepción de que las relaciones sociales y políticas de poder son un reflejo de las relaciones productivas.

Antes de la crisis económica del coronavirus se tenía la seguridad de que el actual modelo de desarrollo, su correlativa política económica y los variados niveles de Estado de bienestar ya no eran posibles con el vigente sistema productivo.

Es decir, la economía de 1983 a la fecha no había podido salir del techo de 2% promedio anual de PIB, cuando durante 1934-1983 logró una tasa promedio anual de 6%.

El PIB ideal ha sido producto de la capacidad productiva de la economía vis a vis sus posibilidades de producción sin generar sobresaltos inflacionarios y devaluatorios.

A pesar del Tratado Comercial, la economía industrial se ha quedado estancada en la vieja maquinaria costosa y atrasada.

De ahí que en el nuevo gobierno se hablara de la necesidad de modernizar la planta productiva, disminuir las regulaciones estatales y potenciar el sector industrial para aumentar las posibilidades de crecimiento económico sin presiones inflacionarias.

La crisis económica provocada por el coronavirus abre la posibilidad de pactar una tercera fase productiva de la nación, después de la del desarrollo estabilizador y la del Tratado Comercial.

Pero ahora se necesita un acuerdo tripartito para fijar los espacios de las reformas necesarias para aumentar el crec8miento económico que genere riqueza social.

La economía estratégica señala las posibilidades de acuerdos productivos a partir de las negociaciones multisectoriales para definir rumbos con mejores beneficios sociales.

Las crisis son oportunidades cuando se les asume como tales.

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