Seguridad Híbrida: 24 Años del 9/11. Terrorismo, guerra híbrida y las implicaciones globales

Seguridad Híbrida: 24 Años del 9/11. Terrorismo, guerra híbrida y las implicaciones globales

A 24 años del 9/11 el despliegue militar y acciones emprendidas en los seis dominios (aire, tierra, mar, espacio, cibernético y dominio cognitivo); el incremento de la seguridad fronteriza,  la construcción de muros y la utilización de tecnología para la seguridad y defensa, año con año se vuelve en una constante.

Otro de los aspectos que debemos considerar a 24 años del 9/11 y que no debemos dejar a un lado, es la existencia del terrorismo de grupos extremistas y anti-inmigrantes que solían ser un fenómeno local, pero ahora esto se está ampliando a nivel global.

Los orígenes del terrorismo; pueden ser ubicados en la historia, con  los Sicarii de Judea, que eran judíos del siglo I que usaban dagas ocultas llamada Sica, para asesinar romanos y colaboradores. Estos grupos sentaron precedentes para el terrorismo y el sicariato, toda esta información sobre los orígenes del terrorismo, puede ser encontrada en los escritos de Walter Ze’ev Laqueur.

Desde el punto de vista político; se están catalogando varios tipos de terrorismo, para comprender más esta dimensión, recomiendo los libros “El miedo. Historia de una idea política” de Corey Robin y “La mente reaccionaria: El conservadurismo desde Edmund Burke hasta Donald Trump (2017)” también escrito por Corey Robin.

Es importante estudiar al terrorismo con una prospectiva de escenarios, del análisis tradicional interdisciplinario, al análisis multidisciplinario y empezar a ver al terrorismo desde los diversos tipos de amenazas y reivindicaciones; para después, poder analizar el mensaje, que es lo que realmente nos interesa, porque la amenaza, es un componente indispensable para el fenómeno terrorista, sin amenaza, no hay terror y en ese sentido, para encontrar indicios de la existencia de una amenaza, es necesaria la labor de inteligencia.

Las reivindicaciones son clave igual que las amenazas; si se ejecutó un acto de terror, por regla general, existe quien se lo reivindica y en ese sentido en el caso del terrorismo trasnacional, encontramos varios tipos: como la reivindicación selectiva, pública y mediática.

Por otra parte; en el paramilitarismo, generalmente encontramos ausencia de reivindicación o, se observa una reivindicación focalizada hacia grupos, enemigos o víctimas específicas.

De ahí la importancia del mensaje, del mensajero y de los medios por los cuales se difunda el mensaje para provocar miedo.

La primera vez que se escuchó la clasificación de Terrorismo Doméstico, fue antes del ataque a las Torres Gemelas, con la masacre de Columbine, documentada por Michael Moore a través del documental » Bowling for Columbine», el cual analiza las causas de la violencia en los Estados Unidos, partiendo de este trágico evento pero, esta clasificación nos hace preguntar ¿cualquier terrorismo trasnacional puede ser domestico? Al hablar de terrorismo doméstico ¿quiere decir que se trata de un enemigo interno y no de un grupo externo? Y sobre la clasificación de Lobos solitarios; ¿realmente estas personas actúan solas?

Las investigaciones demuestran que no es así; ellos, pueden ejecutar su ataque de manera solitaria, pero para su diseño reciben información de grupos más grandes, de grupos trasnacionales que influyen en su comportamiento a distancia y de manera remota, entonces estas personas solitarias, en estricto sentido si están vinculadas con redes más grandes que operacionalizan con ellos desde el exterior.

Y así; aparecen otros términos, como el síndrome Columbine para clasificar a los alumnos que matan a sus compañeros y profesores, tal cual lo hicieron los atacantes de Columbine, e incluso, se ha encontrado en diversas investigaciones que estos nuevos atacantes, han recibido información y actúan por imitación derivada de los videojuegos violentos y de diversas aplicaciones en la red.

Otra clasificación de importancia es el ecoterrorismo; son acciones de activistas que, bajo el pretexto de proteger el medio ambiente, recurren a actos delictivos contra objetivos como edificios, camiones o incluso contra personas.

Y el agroterrorismo, que consiste en ataques maliciosos contra los sistemas alimentarios y agrícolas para lograr objetivos políticos o sociales, generalmente mediante el uso de agentes biológicos, químicos o radiológicos. El objetivo es causar daños económicos significativos al sector agrícola, generar incertidumbre y temor respecto a la seguridad alimentaria y socavar la confianza pública en el suministro de alimentos.

Al principio del segundo mandato de Donald Trump, Presidente de los Estados Unidos de América; se emitió la Orden Ejecutiva 14,157 que declara emergencia nacional y habilita la designación de ciertos grupos criminales, incluyendo varios cárteles mexicanos, como organizaciones terroristas extranjeras (FTO, por sus siglas en inglés) y terroristas globales especialmente designados (SDGT, por sus siglas en inglés).

Seguridad Híbrida: 24 Años del 9/11. Terrorismo, guerra híbrida y las implicaciones globales

Esta medida, sin precedentes, abre una nueva etapa a nivel global con posibles implicaciones y por lo tanto, se deben de desterrar estos tres pensamientos:

  • NEGACIÓN: “Esto no nos afectará a nosotros”
  • AUTOENGAÑO: “Nuestros controles son suficientes”
  • COMPLACENCIA: “Tenemos tiempo para adaptarnos”

En un espacio de batalla cada vez más interconectado y asimétrico, el narcoterrorismo se ha convertido en una amenaza potente y multifacética.

Actores intermediarios como Hezbolá en el Líbano y Latinoamérica, Boko Haram en la cuenca del lago Chad, el Grupo Wagner en África y el Cártel de Sinaloa y Cártel Jalisco Nueva Generación en todo el continente americano y otras partes del planeta, ejemplifican la creciente fusión de ideología y lucro.

Estos actores operan con distintos grados de patrocinio o tolerancia estatal de regímenes como China, Irán, Rusia y Venezuela, solo por citar algunos países que han proporcionado refugio operativo, apoyo logístico y utilidad geopolítica.

En el escenario sirio, la caída del régimen de Asad y el ascenso de HTS (Hay’at Tahrir al-Sham) han abierto nuevas dimensiones de caos y fragilidad estatal, narcóticos como Captagon se han convertido no solo en fuentes de ingresos, sino también en instrumentos estratégicos de influencia, desestabilización y poder internacional.

En África, la participación del Grupo Wagner en el tráfico ilícito de oro, armas y drogas ha transformado la economía de los conflictos, a menudo bajo el pretexto de la lucha contra el terrorismo.

Mientras tanto, en el Sahel y el Cuerno de África, redes terroristas como Al-Shabaab combinan el contrabando de narcóticos y carbón con propaganda y reclutamiento cibernéticos.

Las FARC en Colombia, se han fragmentado en redes disidentes que mantienen el control de la producción y las cadenas de suministro de cocaína, en todo el mundo.

Los cárteles balcánicos, cada vez más alineados con las operaciones de influencia rusa y sirven como ejes logísticos que conectan el suministro sudamericano con los mercados europeos.

La realidad es que las democracias occidentales, suelen subestimar la intención estratégica de los narcoterroristas, porque si bien sus operaciones se manifiestan como actividades delictivas (contrabando, extorsión, asesinatos), sus objetivos estructurales suelen implicar la captura del Estado, la subversión de las instituciones democráticas y el control territorial.

En América Latina, la guerra con drones, los narcosubmarinos y la adquisición de sistemas de armas a través de la red profunda, ponen de manifiesto un salto cualitativo.

Para mitigar estos riesgos, es crucial fortalecer la transparencia institucional, reforzar la protección de los denunciantes y garantizar una supervisión judicial independiente. Además, debe priorizarse una mayor cooperación interinstitucional entre aduanas, fuerzas del orden y servicios de inteligencia para detectar y prevenir la explotación en las fronteras y dentro de los sistemas administrativos.

El narcoterrorismo no es solo un problema de aplicación de la ley, sino un vector para la guerra híbrida, por lo que la respuesta debe reflejar esta complejidad integrando operaciones militares conjuntas, diplomáticas, de inteligencia, policiales y cibernéticas en una estrategia unificada de disuasión.

Comprender estas relaciones interrelacionadas es fundamental para desmantelar las fuentes de sustento financiero, logístico e informativo del narcoterrorismo.

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