Seguridad y Defensa: Bipartidismo

Seguridad y Defensa: Bipartidismo

Aunque la estructura política de Estados Unidos se mueve en péndulos bipartidistas, está plenamente demostrado que el enfoque de seguridad nacional en el entorno mundial es el mismo para demócratas que republicanos, borrando las tenues líneas entre personalidades como el guerrerista Ronald Reagan (1981-1989), el molusco pero también guerrerista Barack Obama (2009-2016) y el toro sin cerca Donald Trump (2016-2020).

Ha habido casos extremos: en 2008, el candidato demócrata Obama llegó a la culminación de su discurso en Berlín presuntamente constructor de una nueva era de relaciones internacionales entre estados democráticos, pero al final su tarea real se redujo a salvar el capitalismo del colapso corporativo y a mantener la línea de acción de defensa de los intereses estadounidenses con intervenciones militares en Irak y Afganistán

En este contexto, la campaña presidencial de Estados Unidos que se cierra a finales de octubre para votar presidente el primer martes de noviembre no mostró ninguna variante entre los discursos de política exterior del republicano Donald Trump y de la demócrata Kamala Harris. El único matiz se percibió en que Trump no iba a gastar presupuesto público para defender militarmente a sus aliados, pero apoyaría el viejo modelo de expansionismo imperial.

En el contexto internacional de las elecciones presidenciales americanas no puede ser más restringido para la Casa Blanca: en América Latina los presidentes hacen –en términos de geopolítica– lo que se les pega su regalada gana, la Unión Europea perdió la cuestión estratégica con la terminación del periodo de Angela Merkel y la ausencia de un liderazgo regional con credibilidad, África está irrumpiendo de manera negativa en el escenario europeo, el lejano oriente vive sus propias contradicciones, la zona asiática controlada por Rusia y China están poniendo sus propias reglas del juegos y el Medio Oriente sigue con su guerra religiosa latente.

Ni con mucho se puede considerar que Trump venga alguna idea geopolítica, y menos aún ha mostrado algún asesor que le diga más o menos por dónde van las cosas, pero la vicepresidenta Harris anda en las mismas porque está heredando una estrategia de seguridad nacional de un presidente Biden que se quedó antes de la primera presidencia de Trump.

Gane quien gane en Estados Unidos, México sigue teniendo la oportunidad les definir una geopolítica bilateral de intereses nacionales y un paso adelante del nacionalismo defensivo.

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