Aunque las elecciones estadounidenses van a ser decididas por la sociedad norteamericana con todas sus contradicciones, posibilidades y limitaciones, los efectos de esa elección en noviembre próximo tendrán repercusión en todos los rincones del planeta. En 2016 se les advirtió a los electores estadounidenses que iba a ser un error histórico llevar a Donald Trump a la Casa Blanca, pero aun así la decisión fue local.
El problema de fondo de la elección del presidente de Estados Unidos para el periodo 2025-2028 radica en el hecho de que no será producto de una evolución del desarrollo político-ideológico de los estadounidenses, sino que responderá a la dinámica de las contradicciones polarizante entre personalidades diferentes, pero al final de cuentas las dos –Donald Trump y Kamala Harris– enfocadas a los intereses de dominación geopolítica de las élites conservadores dentro de Estados Unidos y de los intereses nacionales americanos en el mundo.
La candidatura de Trump en 2016 rompió el ritmo de la dinámica de alineamiento ideológico de EU que respondía a un movimiento pendular basado en dos escenarios dinámicos: el extranjero que implicaba la dominación militar, independientemente de republicanos o demócratas, y el nacional basado sólo en algunos programas sociales, en el control de la inflación y en el aumento/reducción de los impuestos.
Trump vino a romper ese precario equilibrio y creó uno nuevo: la anulación del Estado como autoridad máxima en aras de recuperar el valor de los individuos del interior del país, el aislamiento internacional condicionando apoyos militares y el regreso al puritanismo que en realidad fue la ideología conservadora religiosa que fundó a la nación a finales del siglo XVII.
Estados Unidos ha pasado por pruebas que pudieron haber sido insalvables, sobre todo porque fueron producto de las luchas internas que fundaron la nación: la guerra civil contra la esclavitud de la comunidad afroamericana fue superada de manera electoral con la presidencia de Barack Obama, quien en realidad no venía de la cultura afroamericana y el color de su piel carecía de ese venero sanguíneo. Obama no sólo se reeligió sin problemas, sino que el resultado de su presidencia fue condenado en las urnas con la elección de Trump y su agenda racista.
El próximo presidente de EU será electo por los estadounidenses y el mundo solo tendrá que mirar, con pasmo y hasta miedo, que la primera potencia mundial ya no es una solución para los problemas del planeta.





