Desde 2016, México se ha convertido en una variable fundamental de la política interna y la política externa de Estados Unidos. Y desde ahora es de prever que México formará parte del escenario electoral americano, aunque no para encontrar mejores formas de asociación, sino por la intensidad de las presiones de grupos de poder locales en tres temas fundamentales bilaterales: migración, narcotráfico y disputa por la frontera territorial.
Las elecciones de noviembre de 2024 en EU ya anunciaron la agenda republicana de los tres principales precandidatos: el expresidente Donald Trump, el gobernador de Florida Ron DeSantis y el gobernador texano Greg Abbott, con datos adelantados de que los temas frente a los electores tendrán sabor mexicano.
Pero el problema es más grave porque la intensidad del tema mexicano en las campañas obligará a que el proceso de elección presidencial mexicano de junio de 2024 también tenga que involucrar de manera obligada la agenda estadounidense, de tal manera que los precandidatos y candidatos de todos los partidos deberán de ir preparando ya posicionamientos muy claros de sus propuestas para combatir –ya no solo contener o confrontar– el discurso racista de los republicanos y la pasividad de los demócratas.
De nueva cuenta han comenzado a revivirse las percepciones de que los votos decisivos en las presidenciales de EU estarán del lado de los migrantes o residentes de origen hispano –40 millones en total– y también están reviviendo la falsa creencia de que los hispanos determinarán la elección y que estarían en condiciones de negociar su voto con los candidatos a cambio de reforma migratoria.
En realidad, ni los migrantes deciden una elección en Estados Unidos ni hay votos republicanos y demócratas para cualquier reforma migratoria. El presidente Barack Obama en dos ocasiones, el presidente Trump en su primera elección y el presidente Joseph Biden en una elección prometieron reformas migratorias para obtener votos hispanos, pero a sabiendas de que nunca iban a poder cumplirlas.
Los candidatos presidenciales mexicanos, a su vez, deben de preparar formas de obligar a EU –gane quien gane las elecciones ahí— a aprobar reformas migratorias y nuevos mecanismos de lucha contra el crimen organizado, pero con propuestas propias que no dejen la carga de las soluciones a los políticos estadunidenses que sólo ven sus propios intereses.
Hasta ahora, sin embargo, el tema Estados Unidos no aparece en las prioridades de los precandidatos mexicanos de todos los partidos, dejando la preocupación de otra fase de abandono de los temas delicados de la agenda bilateral.





