Seguridad y Defensa: La noria de las relaciones México-EU

Seguridad y Defensa: La noria de las relaciones México-EU

Antes de la mini cumbre México-EU en la Casa Blanca en julio pasado, el presidente Joseph Biden tuvo una muy importante reunión de trabajo en Bruselas para expandir y relanzar el papel de equilibrio militar de la Organización del Tratado del Atlántico Norte, incluyendo de ruptura de la neutralidad de Suecia y Finlandia; y después de la reunión con el presidente mexicano, Biden viajó a Israel y sobre todo Arabia Saudita para reforzar la prioridad de seguridad militar estadounidense.

Desde los ataques terroristas del 9/11 de 2001 a Estados Unidos, la relación bilateral con México se descuadró porque se incorporaron elementos de seguridad ajenos a los conflictivos sobresaltos históricos entre dos naciones divididas no por el lenguaje, sino por el diferencial de niveles de desarrollo.

Los presidentes George Bush Jr., Barack Obama, Donald Trump y Biden trataron de atravesar intereses geopolíticos europeos en un trato bilateral que siempre ha requerido de sensibilidad histórica.

Uno de los valores esenciales la política exterior mexicana no ha sido comprendida a cabalidad por los estrategas de seguridad nacional estadounidenses que miran la relación bilateral en términos de seguridad militar.

Ese valor ha sido el nacionalismo, cuya vigencia en mayor o menor grado ha sido obstáculo para un factor potenciador de un entendimiento/ desentendimiento entre dos naciones con culturas diferentes, pero atados a una frontera física que no se va a poder cambiar.

Mientras el enfoque de seguridad nacional mexicano tiene que ver con definiciones internas de bienestar para la sociedad, la perspectiva estadounidense ha definido a su seguridad nacional como la hegemonía en dominación militar del sistema capitalista estadounidense.

En este escenario, las buenas o malas relaciones han tenido que ver más con cuestiones de carácter de los presidentes de ambas naciones: los exabruptos imperiales de Richard Nixon, Ronald Reagan y Trump, frente a la política nacionalista de Luis Echeverría y José López Portillo que encontraron en la resistencia antiestadounidense un factor de definición nacional.

En 1988, un grupo bilateral de académicos realizaron un estudio con patrocinio gubernamental para llegar a la conclusión de que la relación México-EU se debía abrazar en los valores de la interdependencia, obligando a México a cambiar su enfoque de resistencia histórica al expansionismo estadounidense y a Estados Unidos a encontrar formas de colaboración para ayudar a un mejor desarrollo productivo de la economía mexicana.

Las relaciones de dependencia económica son más estrictas que nunca en la historia y han logrado la multiplicación del comercio exterior mexicano con Estados Unidos hasta en diez veces, permitiendo cierto efecto positivo en el desarrollo productivo de México.

Sin embargo, de modo recurrente, Estados Unidos le ha dado más prioridad a la subordinación geopolítica y militar de México ante sobresaltos internacionales, pero con el costo de disminuir acuerdos de mayor articulación.

Las relaciones México-EU siempre son nuevas con cada diferente presidente, pero en realidad son las mismas que han existido más allá de los enfoques circunstanciales de la coyuntura geopolítica.

Biden y López Obrador terminarán sus periodos de gobierno en 2024 y otros presidentes reiniciarán las nuevas viejas relaciones bilaterales.

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