Seguridad y Defensa: Trump, el qué y el cómo

Seguridad y Defensa: Trump, el qué y el cómo

Al tomar posesión de su cargo, todos los presidentes de Estados Unidos están casi obligados por las circunstancias a definir sus líneas estratégicas de seguridad nacional geopolítica, a partir del modelo que venía de antes pero que en 1988 el académico Gore Vidal definió a EU como un estado de seguridad nacional, es decir, un imperio cuya sobrevivencia determina el funcionamiento de otros países del planeta.

En campaña y en las elecciones normalmente los candidatos suelen ser muy precisos en el objetivo de mantener a Estados Unidos como el factor determinante del equilibrio mundial vis a vis el papel correspondiente que otras dos grandes potencias de manera aislada o en connivencia también plantean metas más o menos similares: la Unión Soviética hasta 1991 y luego como Rusia y desde mediados del siclo pasado una China empujada por su población hoy de casi mil 500 millones de personas.

Por eso no deben generarse tensiones extraordinarias por la estridencia del discurso geopolítico del presidente Donald Trump, pues en términos estrictos casi no hay ninguna variante con la que tuvo esa figura simbólica del siglo XXI, Barack Obama, cuyo color de la piel afroamericana y discurso progresista demócrata abrió muchas expectativas para un reacomodo mundial que se estaba tardando después del desplome de La Unión Soviética en el corto periodo 1989-1991.

Los discursos beligerantes de Trump, Putin y Jinping no generan nuevas líneas estratégicas sino solo ocupan pequeños vacíos en el equilibrio mundial que comenzaron a multiplicarse en 1991 con el fin del ciclo guerrerista Nixon-Reagan-Bush Sr. Es decir, Trump no está abriendo una nueva línea estratégica, sino que está tratando de ocupar los vacíos dejados por EU, el activismo ruso con la invasión a Ucrania y la mirada estratégica de China para recolocarse en los nuevos equilibrios entre las potencias.

Trump irrumpió en su segunda presidencia –después de que su impericia en la primera que lo llevó a la derrota en 2020– con un mayor enfoque geopolítico donde mezcla el poderío militar estadounidense con decisiones de reorganización productiva a través de la ofensiva arancelaria para recuperar la fuerza de las cadenas productivas americana.

De lo que está ocurriendo en el mundo no va a emerger un nuevo orden, sino, en todo caso, Estados Unidos recuperará parte de la hegemonía militar y económica perdida en la globalización que actualmente le aporta poco a la fortaleza de americana.

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