En un momento en el que la inteligencia artificial, la guerra cibernética y las nuevas tecnologías comienzan a dominar el debate estratégico, la geografía, como factor determinante, estaría perdiendo relevancia. Sin embargo, el periodista y analista estadounidense Robert D. Kaplan, sostiene exactamente lo contrario. En su obra The Revenge of Geography, el autor asegura que la ubicación de los países, sus fronteras, montañas, ríos, mares y recursos naturales continúan condicionando las decisiones políticas y militares de los Estados.
Si bien es un análisis que data de 2012, el libro ha adquirido relevancia de manera reciente a raíz de acontecimientos geopolíticos como la guerra entre Rusia y Ucrania, la rivalidad entre Estados Unidos y China, las tensiones en el mar de China Meridional y la competencia por el Ártico. Kaplan refuta la idea de que la globalización eliminó las limitaciones físicas del territorio.
La subvaluada fuerza de los mapas ante la tecnología del siglo XXI
La tesis principal de Kaplan es que la geografía constituye una fuerza permanente que influye sobre la historia, la política exterior y la seguridad nacional. Aunque reconoce el peso creciente de otros factores como la economía, la tecnología y las decisiones de los líderes, que operan dentro de un entorno físico.
Kaplan sustenta su tesis en el pensamiento de geógrafos y estrategas clásicos como Halford Mackinder, Nicholas y Alfred Thayer Mahan quienes insisten que algunas regiones del mundo concentran históricamente la competencia entre las grandes potencias. Posteriormente, reconoce que la geografía establece oportunidades, vulnerabilidades y restricciones difíciles de ignorar.
Este es precisamente uno de los mayores aciertos del libro: Kaplan insiste que la historia es el resultado de la interacción entre factores geográficos, culturales, económicos y políticos.
Principales aportaciones del análisis
Otra contribución importante de la obra es insistir en que el análisis territorial debe tener el mismo peso en estudios dominados por la economía o la tecnología. “Comprender un conflicto exige observar primero el mapa”, señala Kaplan.
También destaca su capacidad para conectar procesos históricos del pasado con los desafíos estratégicos actuales. Kaplan explica cómo muchos de los conflictos contemporáneos derivan de la configuración física de las regiones donde ocurren.
La obra también destaca por su enfoque multidisciplinario. Combina historia, relaciones internacionales, geografía física, estrategia militar y política exterior en una narrativa accesible, pero respaldada por una sólida investigación.
Además, Kaplan invita a cuestionar la percepción de que la globalización ha reducido la importancia de las fronteras y sostiene que el control de corredores marítimos, pasos montañosos, estrechos estratégicos y recursos naturales son elementos centrales de la competencia entre Estados.
Ningún análisis es válido sin considerar el espacio geográfico
Para los profesionales de áreas como: seguridad, defensa o planeación estratégica, el libro advierte que ningún análisis sobre amenazas, capacidades militares o política exterior puede realizarse sin considerar el espacio geográfico donde se desarrollan los acontecimientos.
Como ejemplos, Kaplan analiza fenómenos como la expansión naval china, la importancia estratégica del estrecho de Taiwán, la influencia rusa en Europa oriental, la competencia por el Ártico o la relevancia de las cadenas logísticas globales.
En el caso de América del Norte, Kaplan destaca la posición geográfica de México como puente entre dos océanos y como vecino de Estados Unidos, que son determinantes en seguridad regional, comercio, migración y cooperación bilateral.
Al final, el planteamiento primario continúa: la geografía se reafirma como un componente esencial del pensamiento estratégico.
Los factores que no deben pasar desapercibidos
A más de una década de su publicación, The Revenge of Geography sigue vigente por su notable capacidad para explicar la lógica detrás de los principales acontecimientos internacionales. Pero tampoco presenta la geografía como un destino inmutable, sino como un escenario permanente sobre el que actúan la política, la economía y el poder militar.
Su principal enseñanza es sencilla, pero profundamente vigente: antes de intentar comprender el comportamiento de un Estado, conviene mirar el mapa, una perspectiva indispensable para analizar los desafíos de la seguridad y la defensa del siglo XXI.





