Agustín Cosme Damián de Iturbide y Aramburu, el nombre completo del personaje nació en 1783 en la actual capital del estado de Michoacán, Morelia, que para ese entonces se llamaba Valladolid.
Su familia, una de las más acaudaladas de la región, era parte de la nobleza en la Nueva España.
Fue un implacable perseguidor de los independentistas.
Fue en estos años que se le bautizó como “El Dragón de Hierro”, sin embargo, su historia tuvo una inflexión que a continuación describimos: El 24 de agosto de 1821 la Guerra de Independencia llegó a su punto culminante: el Ejército de las Tres Garantías, encabezado por Agustín de Iturbide formalizó los Tratados de Córdoba con el último virrey de la Nueva España, Juan O’Donojú, que reconocía la independencia de México, luego de casi 11 años de guerra.
O’Donojú fue enviado por el gobierno español solamente para formalizar el proceso de independencia de la Nueva España.
El documento, firmado el 24 de agosto de 1821, reconoce que los territorios que anteriormente pertenecieron a este virreinato se convertirían en el nuevo “Imperio Mexicano”, desde el norte de California hasta Centroamérica y se regirán como una monarquía constitucional moderada.
El nuevo Imperio sería ofrecido al monarca español, Fernando VII, algún pariente suyo o un elemento de la Corte.
El documento reconoció la integración de las fuerzas insurgentes y realistas bajo un gobierno que fomentaría la unión entre el pueblo mexicano y los españoles radicados en el país en las famosas Tres Garantías: la Independencia, la preservación de la Religión Católica y la Unión entre los habitantes de todo el territorio, sin distinciones sociales.
Estas garantías se representaron en los colores del Ejército Trigarante: verde (Independencia), blanco (religión) y rojo (Unión).
Los Tratados también fueron la base para convocar al Primer Congreso Constituyente Mexicano cuando se instauró la República en 1824.
Casi un mes después, el Ejército Trigarante entró triunfalmente a la Ciudad de México, encabezado por el “héroe libertador”, Agustín de Iturbide y siempre detrás de él, el principal líder insurgente, Vicente Guerrero.
Al día siguiente de la entrada en la Ciudad, se firmó el acta de Independencia entre Iturbide como libertador y O’Donojú como autoridad española.
Guerrero no fue invitado, mientras Iturbide fue nombrado presidente de la Junta Provisional Gubernativa.
Una de sus primeras instrucciones fue modificar la Bandera Trigarante para que las franjas de la bandera fueran verticales, con el águila mexica, con la corona imperial, en el centro.

En esos días, Agustín de Iturbide comenzó a pensar en volverse emperador, el principio del fin de su gloria entre los héroes de la historia mexicana: seducido por el poder y la fama aceptó convertirse en Agustín I, pero fracasó rotundamente en unos pocos meses y cayó en desgracia, relegado al “basurero de la historia”.
Sin embargo, es importante reconocer su talento militar, sus hazañas, tanto como integrante del Ejército Realista como libertador del país y como un hombre con “claroscuros”, que pagó su ambición con la vida.
¿Agustín de Iturbide, héroe de la Independencia?
De acuerdo con el historiador José Manuel Villalpando, en su programa radiofónico “La historia que quiero vivir”, Iturbide fue un hombre que “se dejó tentar por la ambición, pero eso no resta sus méritos por concertar la Independencia de México, desde un punto de vista diferente al que plantearon Hidalgo y Morelos.
Aunque al proclamar el Plan de Iguala, exclamó: ‘Yo soy la voz que resonó en Dolores’”.
Desde el inicio del conflicto armado, Iturbide participó como un joven oficial que destacó en las filas realistas, que eligió este bando, por estar en contra de los métodos de los Insurgentes, “pero no estaba contra la Independencia”, señaló Villalpando.
De hecho, Iturbide tenía parentesco con la familia de Miguel Hidalgo y, de acuerdo con el historiador, “el propio cura le ofreció incorporarse al bando insurgente con el grado de general”.
Durante su destierro en Italia, una vez caído el Imperio, Iturbide reconoció que: “compartía con muchos criollos la idea de la Independencia, pero no por medio de la violencia, como hizo el padre Hidalgo”.
Muchos como él, se oponían a un conflicto armado.
En el Ejército Realista, Iturbide ascendió rápidamente al grado de capitán por su desempeño en la Batalla del Monte de las Cruces, donde los Insurgentes ganaron, pero Iturbide logró resistir sin sufrir graves bajas, con un pequeño comando.
Con el cargo de comandante, fue enviado a pacificar Salamanca, con una actuación destacada en la laguna de Yuriria, donde introdujo en México el concepto de la guerra anfibia: “organizó un desembarco en un islote donde estaban fortificados 300 insurgentes, con unos lanchones.
Su comando desembarcó por sorpresa y tomaron a todos los rebeldes (a los cuales ordenó fusilar)”, señala el investigador.
Por estos hechos, Iturbide también fue considerado un personaje sanguinario.
De acuerdo con el político Lucas Alamán: “dondequiera que pasó, dejó su huella con un rastro de sangre”.
Otro de los hechos más destacados en la carrera militar de Agustín de Iturbide fue entre 23 y 24 de diciembre de 1813, cuando sus fuerzas derrotaron al ejército de José María Morelos, en la batalla de las Lomas de Santa María, para defender la ciudad de Valladolid.
Fue la primera derrota en la brillante carrera de Morelos y Pavón.
Las tropas de Iturbide sorprendieron el campamento insurgente y lograron hacerlos huir.
Después, ordenó perseguir a los Insurgentes y los derrotaron nuevamente en Puruarán, el 5 de enero de 1814.
Iturbide se volvió figuras del bando realista. Iturbide cayó en desgracia durante el sitio al fuerte del Cóporo en los límites entre Michoacán y Guanajuato, en 1815, cuando comentó con sus subalternos: “Qué fácil sería lograr la Independencia de este país si nos pusiéramos de acuerdo todos”.
El comentario fue oído por el virrey Félix María Calleja y como consecuencia fue retirado del mando durante cinco años, hasta que el virrey Juan Ruiz de Apodaca lo llamó en 1820 para pacificar el sur del país.
Fue entonces, cuando logró “ponerse de acuerdo con los Insurgentes”.
“Iturbide reconoció que con toda su pericia militar no podía ingresar a las montañas donde se encontraba Guerrero, quien tampoco podía salir de esa zona con su pequeña fuerza de apenas 3 mil hombres”, señala José Manuel Villalpando.
“Iturbide escribe a Guerrero, éste le contesta y crean un proyecto para unirse en un gran pacto, cediendo parte de sus intereses por un fin superior: la libertad de la Patria, de la que ambos son hijos”, agregó.
Guerrero sacrificó la idea de la República, concebida por Morelos, para instaurar una monarquía.
Iturbide cede para permitir la unión de un país donde todos los mexicanos son iguales, sin distingo social o racial.
Cuando Guerrero se encontró con Iturbide en Teloloapan, Guerrero, después del “Abrazo de Acatempan” dijo a los presentes: “Me felicito de que la Patria haya recuperado a un hijo, que antes le fue tan nefasto y hoy está con nosotros”.
¿En qué momento la historia mexicana borró el nombre de Agustín de Iturbide? El nombre de Iturbide está entre los grandes traidores de la historia porque luego de la caída del Imperio creció un desprecio por los errores cometidos en la última etapa de su vida.
Sin embargo, el historiador señala que no debe juzgarse solo por esta etapa, pues fue un personaje de claroscuros.
“Los historiadores y los libros de historia oficiales no soportan que un realista se haya convertido en el libertador de la Patria y menos que se convirtiera en emperador.
Sin embargo, fue un hombre que decidió libertar a su Patria porque era mexicano”.
Luego de la Consumación de la Independencia, el gran héroe nacional era Iturbide y en honor a sus logros políticos, aun con la desaparición del Imperio y su fusilamiento en 1824, el primer Congreso Mexicano ordenó inscribir su nombre con letras de oro, junto con el resto de los próceres de la Independencia y allí permanecieron hasta 1921.
En aquel año, de acuerdo con Villalpando, surgió un furor anti iturbidista entre varios diputados con filiación masónica, encabezados por Antonio León Soto y Gama, quienes presionaron hasta “arrancar el nombre de Iturbide y arrojar las letras al fuego”.
Pero eso no fue todo, en 1971, el presidente Luis Echeverría “que tenía ese gusto por manipular la historia por decreto”, indica el investigador, expidió un decreto que estableció que “el consumador de la Independencia de México es Vicente Guerrero” y para borrar cualquier vestigio del sitio donde fue ejecutado Iturbide, en la iglesia de Padilla, Tamaulipas, ordenó construir una presa llamada “Vicente Guerrero”.
De acuerdo con el reconocido historiador, los grupos masónicos surgidos en Latinoamérica fueron quienes decidieron enviar a Iturbide a la ignominia y enfocarse solo en sus errores y cita testimonios de la época sobre conjuras para terminar con el Imperio en poco más de un año.
Uno de ellos, José María Mateos, autor del libro: “Historia de la masonería en México desde 1806 hasta 1884”.
Curiosamente, la presencia de un retrato de Iturbide en Palacio Nacional provocó que una fotografía del funeral de Benito Juárez fuera “borrada de la historia oficial”.
Sin embargo, Villalpando asegura que se debe regresar a Iturbide a un lugar mucho más digno en la historia nacional: “El Padre de la Patria es Miguel Hidalgo, indudablemente, él inició la lucha por la libertad.
Pero el consumador, es Agustín de Iturbide, el libertador.





