Al iniciar su campaña como candidato presidencial republicano en 1980, el líder conservador Ronald Reagan –un actor forjado en la lucha anticomunista dentro del cine en los años cincuenta– se encontró con una propuesta de una fundación de ultraderecha que sacudió los fundamentos de su discurso coyuntural. La propuesta era construir una contrarrevolución conservadora total y totalizadora para derrotar a los liberales que pendularmente pulularon en la historia.
La propuesta de la Fundación Heritage –fundada apenas en 1973– era reconstruir los fundamentos originales de la revolución de 1776 que convirtió a EU en la gran potencia mundial. Reagan –anticomunista furibundo– ya traía su toque conservador personal, pero carecía de escenario de largo plazo. Los años ochenta fundaron un largo ciclo neoconservador que relanzó el neoliberalismo de mercado como la nueva estructura socioeconómica del imperio, también de la mano de la líder ultraconservadora inglesa Margaret Thatcher.
Reagan aplicó, no de manera literal, algunos de los criterios de Heritage, pero careció de un control de toda la estructura gubernamental como para dar marcha atrás a los avances liberales, sobre todo en nuevos derechos sociales y en el reconocimiento de mejores espacios a las minorías afroamericanas. En 1989 le sucedió en la presidencia el también conservador y exdirector de la CIA, George Bush Sr., pero Estados Unidos se encontró con un rezago social que catapultó la juventud y el nuevo discurso de derechos de los demócratas de Bill Clinton.
Heritage vuelve a las propuestas de contrarrevolución conservadora con sus documentos de casi mil páginas titulado “Mandate for Leadership. The conservative promise” (https://static.project2025.org/2025_MandateForLeadership_FULL.pdf) y busca ser la plataforma de reorganización del proyecto político del candidato Trump, quien hasta ahora ha carecido de un documento central que resuma su propuesta de gobierno y sólo se ha centrado en discursos radicales e incendiarios en temas centrales como la declinación imperial de EU, el nuevo escenario mundial con China y Rusia como coprotagonistas, la severa crisis migratoria y el gravísimo problema del narcotráfico.
Los primeros indicios señal que el documento Proyecto 2025 es demasiado complejo en su configuración y desarrollo, requiere de una estructura conservadora que no existe Estados Unidos salvo por grupos radicales de ultraderecha con enfoques de corto plazo y no le alcanzarían cuatro años a Trump para empujarlo y consolidarlo.
En todo caso, el Proyecto 2025 queda como propuesta de lo que pudiera ser una meta de larguísimo plazo si es que Trump logra superar la coyuntura de sus pasiones.





