Luego de la caída de la dictadura de Victoriano Huerta, el siguiente proceso fue la escisión del Ejército Constitucionalista a finales de 1914, cuando Venustiano Carranza, Jefe Máximo de la Revolución, desconoció la decisión de la Soberana Convención de Aguascalientes para que Eulalio Gutiérrez ocupara la Presidencia de la República, provocando un rompimiento con las facciones más rebeldes comandadas por Francisco Villa y Emiliano Zapata.
Lo que debía ser el triunfo de la Revolución Constitucionalista, se fracturó por las rivalidades entre Villa y Zapata contra Carranza y Obregón, que encendieron nuevamente el conflicto, llevándolo a su etapa más violenta y que se resolvió luego de una serie de venganzas, traiciones y emboscadas entre líderes.
El encuentro histórico entre Villa y Zapata y la maldición de la Silla Presidencial
Una vez que Villa y Zapata decidieron romper su alianza con Carranza, acordaron reunirse en el pueblo de Xochimilco, controlado por el ejército zapatista, donde definirían la estrategia para combatir a los constitucionalistas.
La reunión ocurrió el 4 de diciembre de 1914, en medio de una fiesta. Villa arribó al Hotel Reforma donde ya le esperaba Zapata y ambos acordaron defender el Plan de Ayala, promulgado por Zapata en 1911, para defender su revolución agraria y que ahora exigía que la Presidencia no fuera ocupada por un militar.
La madrugada del 6 de diciembre, una gran columna a pie y a caballo, integrada con personal de ambos ejércitos marchó hacia la Ciudad de México, mostrando su poderío militar, así como la popularidad que ambos caudillos gozaban entre la población.
La columna entró en la Ciudad de México alrededor de las 10:00 de la mañana y se enfiló hacia el Zócalo por la actual calzada México-Tacuba, continuaron por avenida Juárez, cruzaron la Alameda Central, finalmente ocuparon la Plaza de Armas por la calle de Plateros y que en ese mismo día cambió su nombre a Madero, por orden de Villa.
Posteriormente entraron a Palacio Nacional, donde fueron recibidos en un banquete por el presidente Eulalio Gutiérrez y embajadores de Guatemala, Brasil, Francia, Suecia, Alemania, China, Japón, España, Chile, Honduras, Cuba, Inglaterra, de los Países Bajos y de Nicaragua.
Calixto Bravo Villaso, el último sobreviviente de la Guerra de Independencia
Después de esta comida ocurrió el histórico encuentro que fue inmortalizado en una fotografía histórica: Villa y Zapata ingresaron al Salón Presidencial y comenzaron a bromear sobre quién de ellos debía sentarse en la Silla Presidencial, coronada por un águila republicana.
Ambos insistieron cordialmente en que fuera el otro quien tomara asiento. Finalmente, Zapata consiguió que Villa lo hiciera, ya que el hacendado morelense adujo la leyenda de que esa silla estaba embrujada y enloquece a quien la ocupa, mientras que Villa, entre bromista y audaz se sentó sin mucho empacho y ambos posaron para la cámara de Agustín Víctor Casasola y se hizo legendaria.
Además de los caudillos, aparecen otras figuras relevantes de sus movimientos, como el sanguinario Rodolfo Fierro, principal lugarteniente de Villa, que aparece de pie a un costado de la imagen.
Sin embargo, los historiadores señalan que ninguno de los dos caudillos tenía intención de hacerse con la Presidencia: Villa deseaba regresar al norte y establecer una especie de hacienda-república autogestiva.
Por su parte, Zapata siempre deseó hacer realidad su sueño de garantizar el derecho de los campesinos indígenas sobre sus títulos de las tierras que datan de la época virreinal y una vez logrado, deseaba regresar a su lugar de origen. Esta decisión, simbólicamente, representa un vacío de poder que al final ocuparon Carranza y junto con él, Álvaro Obregón.
Fuerza Aérea Mexicana, 110 años en defensa del espacio aéreo
Zapata fue el primero en morir, en una emboscada en la Hacienda de Chinameca el 10 de abril de 1919, en un plan atribuido al propio Carranza. Luego fue el propio Carranza, obligado a huir de la Presidencia por una rebelión encabezada por Obregón y asesinado camino a Veracruz, en el pueblo de Tlaxcalaltongo, Tlaxcala, la noche del 21 de mayo de 1920.
El siguiente fue Villa, quien se sometió a un armisticio, pero decidió aparecer nuevamente en la escena política, al final del gobierno de Obregón y éste consideró que era demasiado peligroso mantenerlo con vida y ordenó una emboscada que se ejecutó en Parral, Coahuila el 20 de julio de 1923.





