- Economía y seguridad interior, malas noticias presupuestales
En medio de restricciones de ingresos públicos por la decisión de no aumentar impuestos y sobre todo del hoyo recesivo de 2020 provocado por la pandemia, las expectativas de crecimiento económico vis a vis la seguridad pública no parecen ser las mejores. El PIB en los cuatro años que restan del sexenio será de 1.3% promedio anual y habrá recortes en gasto en seguridad local.
Las fuerzas de seguridad hacen su mejor esfuerzo, pero las autoridades locales han retrasado la reformulación de sus cuerpos de seguridad, la profesionalización de sus reglas y sobre todo la inteligencia sobre el funcionamiento y la ampliación de actividades de los grupos delictivos locales. Las cifras de inseguridad revelan aumentos en los delitos acreditados al fuero común.
Los responsables del diseño del presupuesto suelen ser técnicos especializados en manejos de cifras, pero fallan siempre en la correlación directa entre el gasto y las actividades que se desea potenciar. El desplome del PIB a 2% promedio anual en el largo periodo 1983-2018 ha entrado en una nueva fase de disminuciones por culpa del bajón productivo del 2020 por la pandemia. El presupuesto federal considera que el PIB de 2020 será de -8%, aunque todas las expectativas señalan una cifra de dos dígitos.
EU: militarización civil
A lo anterior se ha agregado un hecho sin precedente: la falta de un acuerdo productivo del Estado con las organizaciones empresariales para detectar zonas de crecimiento bajo que han caído en poder del crimen organizado y que necesitan de un impulso productivo. Las oficinas promotoras del desarrollo se mantuvieron pasivas, inclusive, en la indagación de las razones productivas que estuvieran dejándole el control de plazas territoriales a organizaciones criminales.
Hay datos, eso sí, en el sentido de que zonas de nivel productivo industrial y agropecuario cerraron actividades por el acoso de grupos delictivos, sin que las autoridades pudieran protegerlas. Peor aun, hay indicios de que esos grupos criminales contaron con la complicidad de autoridades locales.
El presupuesto de 2021 tiene un escenario prospectivo de corto plazo –los cuatro años que quedan del sexenio– bastante pesimistas: no habrá suficientes estímulos a la producción y luego del -8% oficial en 2020 la economía no podría retomar sus ritmos anteriores a la pandemia, por la razón de que el cierre de actividades para romper la cadena de contagios llevó a la quiebra a decenas de miles de pequeñas empresas y a la ruptura de cadenas productivas.
En este sentido, las organizaciones empresariales nacionales y locales están obligadas a aumentar su activismo en la indagación de las expectativas bajas de crecimiento económico y en la identificación de áreas de oportunidad para aumentar el ritmo de crecimiento, al fin y al cabo que esa nueva demanda podría estimular a otras empresas a entrar a crear nuevas cadenas productivas.
Contra el enemigo
Lo peor que le puede ocurrir a la economía sería no buscar nuevos núcleos de economía productiva y permitir que la mano de obra se desvíe hacia el comercio informal que no potencia la demanda de productos terminados. El Plan Nacional de Desarrollo 2018-2024 no previó –nadie podría hacerlo– la llegada del virus y el efecto en la economía, pero los actores productivos sí pueden diseñar programas de reactivación de la economía formal para aumentar las expectativas del PIB. Quedarse en el 1.3% promedio anual señalado en el presupuesto sería condenar a la economía a la pérdida de un sexenio productivo





