La invasión de una turbamulta de grupos radicales de la ultraderecha estadunidense ha servido para calibrar el grado de deterioro, en modo crisis, del sistema/ régimen/Estado/democracia de los EE.UU.
El discurso del presidente Donald Trump azuzando a sus seguidores a interrumpir el proceso de calificación electoral para impedir la designación de Joseph Biden como presidente electo fue el detonador de una crisis mayor: la del consenso político.
El impeachment contra el presidente Trump tampoco es un suceso circunstancial ni se reduce a la intención de judicializar al presidente saliente para impedir que pueda ser candidato a senador en 2022 o de nueva cuenta candidato a presidente en 2024.
Aún si se lograra esa meta, de todos modos, Trump podría seguir siendo –si así lo quisiera– el líder de un segmento de la sociedad que el pasado 3 de noviembre voto a su favor en las elecciones presidenciales, a pesar de los señalamientos de sus opositores.
Trump como líder político y el 47% de votos electorales populares a su favor –un punto porcentual más del obtenido en 2016– acentúan la fractura social en los EE.UU., y el final del consenso social interno que determinaba el poder real del imperio para erigirse en el dictaminador del funcionamiento del mundo occidental.
En este sentido, Trump ha sido el catalizador de conflictos sociales, de raza, de sistema y de funcionamiento de las instituciones.
El juicio contra Trump, en consecuencia, es un juicio de los EE.UU., contra sí mismo.
El orden estadunidense interno de la reunión de Bretton Woods que le dio dominio económico y financiero al dólar quedó liquidado en 1991 con el desmoronamiento de la Unión Soviética y el régimen estadunidense no supo ajustarse a las nuevas condiciones.
La URSS de Gorbachov quiso transitar de régimen y perdió su razón de ser; los EE.UU., iban por ese camino.
Por ello, los estrategas del poder prefirieron continuar por la ruta imperial, aunque sin entender que la sociedad estadunidense había cambiado sin la amenaza soviética y el terrorismo no generó nuevos consensos sociales.
La decisión de la líder demócrata legislativa Nancy Pelosi de enjuiciar a Trump para desbarrancarlo tampoco será una solución, solo pospondrá mayores fracturas internas y mostrará a un presidente Biden sin ninguna propuesta de reforma sistémica que pudiera facilitar la construcción de nuevos consensos.
El impeachment podría ser otro detonador del régimen imperial. Y no se ve en el escenario estratégico de los EE.UU., a alguna élite que esté tratando de fijar los términos de una transición que ni siquiera se está reflexionando.






